Obispos piden a los Presidentes Obama y Calderón que consideren los derechos de los inmigrantes y las causas de la emigración en sus conversaciones.
WASHINGTON—Los obispos de Estados Unidos apremiaron al Presidente estadounidense, Barack Obama, y al Presidente de México, Felipe Calderón, a considerar los derechos de los inmigrantes como parte de sus conversaciones y a trabajar en conjunto para brindar un sistema migratorio más humano en ambos países. La ocasión fue la reciente visita del presidente Obama a México.
Representando a los obispos estadounidenses, el Obispo John C. Wester de Salt Lake City, presidente del Comité sobre la Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, expresó la importancia de que el tema de la inmigración forme parte de las conversaciones, ya que es un asunto clave en las relaciones entre ambas naciones.
"La inmigración no es sólo un tema doméstico, sino también de relaciones exteriores", expresó el Obispo Wester. "La relación entre el Presidente Obama y el Presidente Calderón puede ser la clave para muchos de los problemas que afectan a las dos naciones — ciertamente el asunto del tráfico de drogas, y la violencia que ésta genera, así como la economía, pero también inmigración".
"Una de las muchas percepciones erróneas en el debate inmigratorio en Estados Unidos es el hecho de creer que con una ley de reforma migratoria el Congreso acabaría de una vez por todas con el fantasma de la inmigración ilegal", dijo el Obispo Wester. "Mientras es cierto que una reforma migratoria integral es indispensable para una solución a largo plazo— en la que debemos actuar y pronto— debe entenderse que la solución a un problema tan complejo resta en la cooperación regional, o más bien global, entre las naciones y estados".
"Las políticas migratorias restrictivas no son la solución a la inmigración ilegal, sino que se necesita una reforma sistemática de las leyes migratorias", afirmó el Obispo Wester, insistiendo en que ambas naciones deben trabajar juntas para resolver las causas de la inmigración.
"Irónicamente, mientras los inmigrantes hacen el trabajo necesario para convertir el capital en ganancias en los países del mundo industrializado, a menudo los trabajadores inmigrantes no cuentan con la protección legal debida, son criminalizados y además se les culpa de ocasionar todo tipo de problemas sociales," el obispo subrayó.
"De hecho, la relación migratoria entre Estados Unidos y México es un claro ejemplo. Inmigrantes mexicanos, sin los recursos necesarios para proveer a sus familias, se ven forzados a emprender peligrosos viajes a Estados Unidos y realizar trabajos menores, aunque importantes, para la economía estadounidense."
"Como resultado, Estados Unidos recibe el beneficio de su trabajo e impuestos sin tener que preocuparse de proteger sus derechos, ya sea en la corte o en el centro laboral," señaló el obispo. "Y cuando es conveniente, se les utiliza como chivo expiatorio—ya sea retóricamente o por medio de redadas en centros laborales".
Bajo este sistema, México se beneficia financieramente de igual manera, puesto que el país recibe 20 billones de dólares en remesas anuales sin tener que prestar atención a los más empobrecidos que luchan por proveer sustento a sus familias en la parte más baja de la escala económica. "Lo único que les queda es la política de "viajar al norte", exponiéndose así a caer en manos de traficantes de personas, oficiales corruptos y hasta a perecer en el desierto", lamentó el Obispo Wester.
"Los perdedores en este juego de globalización son los inmigrantes mismos, quienes por no tener poder político no pueden defenderse a sí mismos del abuso y la explotación, por ende inevitables, presos de un sistema que se aprovecha de su desesperación al tiempo que se apropia de su ética laboral", afirmó.
Además, el Obispo Wester advirtió contra aquellos que intentan distorsionar los sucesos violentos relacionados con las drogas en la frontera. "Los inmigrantes no son responsables por la violencia en la frontera. Los verdaderos responsables son sujetos criminales, coyotes, oficiales corruptos y traficantes de drogas y armas en ambos lados de la frontera. Ambos Presidentes deben pronunciarse claramente al respecto", enfatizó el obispo.
"Una reforma migratoria integral ayudaría a reducir la violencia en la frontera. Controlando legalmente el flujo de trabajadores inmigrantes a nuestro país las fuerzas del orden público pueden enfocar su atención sobre los traficantes de drogas y de personas, quienes son la verdadera causa de tanta violencia en nuestras fronteras," concluyó el Obispo.
"Promoviendo el desarrollo económico a través de la ayuda económica y el comercio, las dos naciones pueden crear ofertas de empleo alternativas al tráfico de drogas y así resolver las verdaderas causas que provocan la emigración", añadió.

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