Sesión Adultos Jóvenes 3: Cristo, El Camino Al Perdón Y La Reconciliación

Pónganse, pues el vestido con conviene a los elegidos de Dios, sus santos muy queridos:
la compasión de tierna , la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia.
Sopórtense y perdónense unos a otros, si uno tiene motivo de queja contra otro.
Como el Señor los perdonó, a su vez hagan lo mismo. Pero por encima de todo, tengan
el amor, que es el vínculo perfecto. (Col. 3: 12-14)


Objetivo: Darse cuenta de que el perdón seguido por la reconciliación es tanto un don de Dios como un don de unos a otros.


Introducción
La Cuaresma es un tiempo en que nos detenemos a reflexionar sobre las partes importantes de nuestra vida. Durante esta temporada, nos volvemos a Cristo para pedirle guía. Este es un tiempo de reconciliación con aquellos a quienes hemos ofendido y con aquellos que nos han ofendido. La misericordia de Dios estará presente en este viaje para descubrir cómo "Cristo es el camino al perdón y la reconciliación".


Bienvenida y oración (15 minutos)
Dar la bienvenida a los participantes y pedirles que se presenten. Empezar la sesión con una simple oración basada en el tema de la reconciliación, incluyendo la cita bíblica arriba escrita y una canción bilingüe, como la de John Schiavone, "Misericordia Señor" (Salmo 50-51) (Flor y Canto, #523, Oregon Catholic Press).


Compartir nuestras experiencias (40 minutos)
Un día, Tom y su padre tuvieron un enfrentamiento verbal. La discusión empezó por un simple suceso; no obstante, cada uno decidió traer a luza todos sus sentimientos reprimidos y los usaron para herirse mutuamente. Las voces se hicieron más fuertes, los rostros enrojecieron, hasta el punto en que el padre pidió a su hijo que dejara la casa. El muchacho se estaba yendo cuando escuchó las palabras: "¡Ya no eres mi hijo! ¡Lamento el día en que naciste!" Estas palabras fueron para el muchacho como un afilado cuchillo en el corazón. Pasaron varios días. El padre sufría en silencio, así como el hijo. Un día, un amigo de la familia llegó a hablar con el padre. El padre lo recibió y le pidió que tomara asiento. Mientras tomaban una taza de café, el amigo explicó el motivo de su visita. Pidió al padre "perdonar al muchacho dándole una segunda oportunidad". Luego pidió al padre que permitiera al hijo regresar a casa. El padre sonrió tranquilamente e informó a su amigo: "No puedo hacer lo que me pides, porque mi hijo ya está de vuelta. Llegó anoche y nos hemos perdonado mutuamente. Me dijo cuánto me ama y yo le dije cuán imposible me era vivir sin él".

Hoy en día vemos dentro de la sociedad y la comunidad de la Iglesia una necesidad y anhelo de curación y perdón. Esto parece especialmente cierto a la vuelta de un nuevo milenio. Al mirar el mundo que nos rodea vemos tanto las luces de la reconciliación como las sombras de la oscuridad donde el dolor, la ira, la no aceptación y la desesperación abundan. Estas sombras hablan del tremendo clamor por perdón y reconciliación; por curarnos dentro de nosotros mismos, nuestras familias, nuestras vecindades y nuestras iglesias y comunidades. Las noticias nocturnas y los diarios locales pintan una historia tras otra de la incapacidad para perdonar y restañar heridas. Familias y comunidades se hacen trizas porque la gente se niega a perdonarse mutuamente y avanzar hacia la reconciliación.

Cada ser humano ha sido víctima de alguna clase de rechazo, ridículo, amenaza o incluso violencia. Esas experiencias nos llevan a perder de vista la bondad humana y a bloquear nuestra propia capacidad de confiar, amar y perdonar. Sin embargo, el perdón puede curar esas heridas y llevarnos a la reconciliación a través del amor. El conocido dicho "Errar es humano, perdonar es divino" es una manera popular de afirmar que todos cometemos errores y que estamos dispuestos a perdonarnos mutuamente a fin de vivir en felicidad. Entre los diarios problemas y conflictos que sacuden nuestras vidas, las familias y comunidades que permanecen juntas son las que reconocen sus faltas y su necesidad de reconciliación; a través de ofrecer y recibir perdón. Por otro lado, cuando hay una negativa a perdonar, "nuestros corazones se cierran y su dureza los hace impenetrables" aun al perdón de Dios (Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 2840).

Preguntas de discusión:

  • ¿Pueden compartir un ejemplo de su vida en que perdonaron a alguien o fueron perdonados por alguien?
  • ¿Cómo practica o no practica su familia el perdón y la reconciliación?

Reflexionar en nuestra tradición de fe (40 minutos)
La más grande alegría de cada año de jubileo proviene del perdón del pecado. El Evangelio nos muestra constantemente a Jesús llamando a la gente a la conversión, curando a los enfermos y ofreciendo el perdón de los pecados. La curación del hombre nacido ciego, el perdón a la mujer sorprendida en adulterio y la curación de mucha gente revelan a Dios Padre como el Señor del perdón. La parábola del hijo pródigo muestra a Dios como el padre amante que perdona y se reconcilia con sus hijos, y describe cómo esta reconciliación es causa de gran alegría (Lc. 15:11-31). A través de Jesucristo, Dios Padre busca incansablemente que nos reconciliemos con él. Esta búsqueda empieza en el corazón de Dios y alcanza su plenitud con la Encarnación (Tertio Millenio Adveniente, Nº 7). El deseo de Dios de perdonarnos nos mueve a buscar el perdón y la reconciliación que necesitamos a fin de perdonar y reconciliarnos con los demás. En la Oración del Señor, Jesús nos enseña que la persona humana es un ser amante llamado a perdonar y a ser perdonado. De la misma manera que Dios nos perdona, nosotros debemos abrir nuestros corazones a la compasión divina y perdonar a aquellos que nos hacen daño. El perdón es la condición fundamental de la reconciliación. Por esta razón, el perdón es el punto crítico de la oración cristiana. El perdón da también testimonio de que, en nuestro mundo, el amor es más fuerte que el pecado (Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 2844). Cuando aceptamos nuestras propias faltas o perdonamos a quienes nos han ofendido, nuestros corazones se abren a la gracia de Dios y quedamos libres de la opresión del pecado y el resentimiento. Perdonar de corazón no es fácil, pero contamos con la infinita misericordia de Dios para hacerlo. A veces, no podemos superar el daño y olvidar la ofensa, pero "el corazón que se ofrece al Espíritu Santo vuelve la injuria en compasión y purifica el recuerdo transformando el daño en intercesión" (Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 2843).

Preguntas de discusión:

  • ¿Cuáles son algunas de las situaciones dentro de su propia vida o dentro de su familia en que el perdón y la reconciliación son necesarios? Sírvanse explicar.
  • ¿Cuáles son algunas de las situaciones dentro de su parroquia o barrio en que el persón y la reconciliación son necesarios? Sírvanse explicar.
  • ¿Cuáles son algunas de las situaciones y razones que les impiden a ustedes, su familia y su comunidad buscar la reconciliación y el perdón?
  • ¿De qué maneras pueden ustedes hacer del perdón y la reconciliación una parte más central de su vida personal y la vida de su comunidad?

Poner nuestra fe en acción (40 minutos)
La reconciliación es obra no sólo de individuos, sino de la comunidad de fe y de la sociedad. Los conflictos que consumen al mundo están arraigados en errores no resueltos —imaginados o reales, deliberados o involuntarios— que conservan su poder de provocar discordias, hostilidad, facciones, discriminación, violencia y guerra. Como cristianos católicos, nuestra fe nos llama a ser personas que se reconcilian y a ser miembros de una comunidad que se reconcilia. En Cristo estamos llamados a perdonarnos mutuamente, a reconciliar nuestras diferencias, y a curar nuestras almas y nuestro mundo de todos nuestros estropicios. El Año Jubileo 2000, como un año de favor del Señor (Lc 4:9), es también el tiempo ideal para renovar nuestra comprensión, apreciación y práctica del sacramento de la penitencia y la reconciliación. En este sacramento, confesamos nuestros pecados a Cristo y quedamos aliviados de su carga. Experimentamos, mediante la absolución del sacerdote, el perdón y misericordia de Cristo.

Pasos de acción:

  • Lluvia de ideas sobre acciones y proyectos que puedan promover el perdón, la reconciliación y la curación. (Un ejemplo de tal acción es conducir un servicio de reconciliación para buscar y recibir perdón como individuos y como comunidad.)

    Separar las ideas según los siguientes niveles:
    • Acciones a emprender a nivel personal
    • Acciones que requieren la participación de diferentes grupos dentro de la comunidad de fe
    • Acciones que involucran a la entera comunidad de fe y/o la comunidad cívica local

    Priorizar las acciones que sean más importantes y urgentes, y desarrollar un plan para implementarlas.

    Prepararse para este sacramento, recordar:

    La reconciliación es un acto de fe. Cristo nos ha revelado el amor de Dios por nosotros hasta el punto que tomó la iniciativa de perdonar nuestros pecados.

    La reconciliación requiere una actitud de humildad. Sólo los orgullosos no pueden ver sus errores. Reconociendo nuestras debilidades podemos repararlas.

    La reconciliación requiere un sincero cambio de vida. Reestableciendo nuestra relación con Dios y los demás, nos comprometemos a cambiar nuestra conducta, nuestras actitudes, nuestros modos de vida.

    He aquí algunas maneras de prepararse para la reconciliación:
    Estar bien preparados.
    Dediquen algún tiempo a reflexionar sobre su vida. "Limpia tu propia casa".
    Aceptar el dolor.
    Reconozcan sus faltas y acepten los sentimientos que esto pueda causar.
    Desarrollar un plan de acción para un cambio de vida.
    Piensen en el aspecto, actitud, conducta o acción que quieren cambiar y emprendan la acción.
    Tomarse su tiempo.
    No se apresuren. Al confesarse, dense tiempo para expresarse claramente. Escuchen.
    Hacer el esfuerzo de evitar cometer el mismo error.
    Establezcan maneras de evitar el pecado.
    Recibir la gracia de Dios.
    Crean que Dios los ha perdonado porque él es Misericordioso. Si tienen la oportunidad, confiesen sus pecados a un sacerdote.

    Ahora que han restablecido su relación con Dios, seleccionen una acción en que puedan promover el perdón, la reconciliación y la curación.

    ¿Qué acciones tomarían ustedes a nivel personal?
    ¿Qué acciones tomarían para acrecentar su relación con los demás?
    ¿Qué acciones tomarían para mejorar la vida de su comunidad) (es decir, aceptar a otros que sean diferentes, ayudar a los más necesitados, etc.)

    Hacer una lista de dichas acciones e invitar a otros a implementarlas.

Reunir nuestras experiencias (15 minutos)

  • ¿Qué les ayudó a participar en esta sesión y qué lo hizo difícil?
  • ¿Qué aprendieron y aceptaron de los demás?
  • ¿Qué aprendieron sobre su fe?
  • ¿Cómo hicieron las personas el compromiso de implementar un curso de acción?

Celebrar nuestra fe como comunidad (25 minutos)

  • Himno/canción de apertura
  • Invocación o invitación a la oración
  • Lectura bíblica
  • Oración de acción de gracias o petición
  • El Padrenuestro
  • Oración final y señal de la paz
  • Himno de cierre

Para quienes asistan a la JMJ 2000
Jesús empezó sus enseñanzas con este mensaje: "Reformen sus vidas. Aléjense del pecado. Traten de ser mejores". Este es un mensaje que los adultos jóvenes que participarán en la JMJ 2000 necesitan practicar durante la preparación para este magnífico acontecimiento.

Al prepararse para un cambio de vida, pedimos a cada uno de ustedes practicar lo siguiente:

Dejar ir: Renunciar a la lucha de poderes contra los demás o contra algo que ya pasó. Lo que pasó pasó, y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. En consecuencia, durante este tiempo, dejen ir las cosas que no pueden cambiar.

Curar las heridas: Entréguense a la aflicción. Liberen el dolor y dejen que el pesar fluya. Tomen medidas reparadoras que reduzcan el dolor de los remanentes de cualquier situación. Busquen nuevas cosas que tomen el lugar de que se perdió. Ayuden a otros a remediar sus penas. Sean compasivos con los demás, respeten su dolor, y ofrezcan alternativas para buscar nuevas cosas.

Reconciliarse: Recreen relaciones. Renegocien con aquellos con quiene han tenido diferencias. Hagan nuevos compromisos, aumenten su comunicación, y, a su tiempo, celebren el aprendizaje y crecimiento que resulten del perdón. El perdón pueden practicarse en su relación con amigos, familiares, colegas, socios, gente de la comunidad, etc.

Recuerden que la reconciliación es completa cuando se ha restablecido la confianza.

Cada día, mantengan un cuaderno o diario en que documenten cómo está cambiando su vida diariamente. Enfaticen sus propias observaciones en las áreas de:

Nuevas conductas
Nuevas actitudes
Nuevas creencias
Nuevas acciones
Nuevas conductas
Nuevos patrones en mis oraciones

Continúen concentrándose en las áreas en que necesiten seguir trabajando.

En el silencio de su habitación, reciten la oración de San Francisco:
Señor,
hazme un instrumento de tu paz;
donde haya odio, déjame plantar amor;
donde haya injuria, perdón;
donde haya duda, fe;
donde haya desesperación, esperanza;
donde haya oscuridad, luz;
donde haya tristeza, alegría;
haz que pueda yo no tanto buscar consuelo como consolar;
ser comprendido como comprender;
ser amado como amar;
pues es al dar que recibimos,
es al perdonar que somos perdonados,
y es al morir que nacemos a la vida eterna.

Email us at flwymail@usccb.org
Secretariat for Family, Laity, Women & Youth | 3211 4th Street, N.E., Washington DC 20017-1194 | (202) 541-3000 © USCCB. All rights reserved.





Secretariat of Laity, Marriage, Family Life & Youth l 3211 4th Street, NE, Washington DC 20017-1194 l (202) 541-3040 © USCCB. All rights reserved.