Sesión Adultos Jóvenes 6:

Hemos sido bautizados en el único Espíritu para formáramos un solo cuerpo, ya fuéramos
judíos o griegos, esclavos o libres. Y todo hemos bebido del único Espíritu. (1 Cor. 12:13)


Objetivo: Promover el conocimiento, la aceptación mutua y la colaboración entre los diversos grupos étnicos, culturales y lingüísticos que forman la comunidad de fe.


Introducción
Como adultos jóvenes en la Iglesia Católica de hoy, no necesitamos que nadie nos diga que pertenecemos a una iglesia que incluye muchas diversas personas y culturas. Crecimos en una iglesia que oraba en el idioma de la gente, que era más culturalmente consciente de la diversidad de personas que componían la comunidad de oración, y aquí en Estados Unidos, era consciente de la entrada de católicos desde todo el globo. En una diócesis, por ejemplo, la misa se celebra todos los domingos en al menos seis idiomas diferentes. Los adultos jóvenes deben continuar, en el espíritu del jubileo, "abriendo de par en par las puertas" de nuestras iglesias y nuestros corazones a todos los que son diferentes de nosotros.


Bienvenida y oración (15 minutos)
Dar la bienvenida a los participantes y pedirles que se presenten brevemente. Empezar una simple oración agradeciendo a Dios por el don de nuestra diversidad y pidiendo la unidad cristiana entre la diversidad de culturas y pueblos. Crear un ambiente de bienvenida, incluyendo el uso de símbolos religiosos de culturas diferentes, y emplear una canción como la de Jaime Cortés "Somos el Cuerpo de Cristo" (Breaking Bread, #416, Oregon Catholic Press, 1998) u otra música apropiada a la cultura e idioma de la comunidad congregada.


Compartir nuestras experiencias (40 minutos)
Los adultos jóvenes están en muchos casos tratando de encontrar su propio lugar en nuestras parroquias. Tenemos una afinidad especial para ayudar a que la gente se sienta bienvenida y se haga parte integral de nuestras comunidades parroquiales. La diversidad cultural, étnica y lingüística, así como la edad, están cambiando el rostro de nuestros barrios y comunidades de fe. Esta diversidad enriquece las comunidades de maneras maravillosas, pero también puede crear tensión. Alcanzar un equilibrio entre las necesidades y aspiraciones de grupos que son tan diversos no es tarea fácil. La adecuada programación de misas en diferentes idiomas, la representación que tengan en el consejo parroquial los adultos jóvenes y gente de diversa formación cultural, el acceso equitativo a las instalaciones parroquiales las contribuciones y uso de los recursos económicos son algunas de las áreas de frecuente tensión dentro de la comunidad de fe. En el escenario social, el racismo, la pobreza y la violencia son una fuente de gran preocupación. Conocer la cultura y ser consciente de las aspiraciones y los desafíos enfrentados por los diferentes miembros de la comunidad crea oportunidades para el entendimiento y la aceptación mutua. El diálogo abierto disminuye las tensiones, supera temores y ayuda a construir una comunidad fuerte y unida. Todos estamos llamados a formar una sola Iglesia, nutrida por el mismo Espíritu (Tertio Millenio Adveniente, Nº 34). Nos esforzamos por crear un lugar donde todos sean bienvenidos, sin consideración de raza, color o edad. Este llamado tiene una especial importancia en el alba del tercer milenio. Para responder adecuadamente a este llamado, debemos abrir las puertas, tanto a Cristo como a su llamado de unidad que viene hasta nosotros a través del Espíritu Santo (Tertio Millenio Adveniente, Nº 44).

Preguntas de discusión:

  • ¿Qué experiencias positivas han tenido ustedes en relación con personas de diferentes grupos étnicos o culturales?
  • ¿Qué actitudes, conductas y actividades crean unidad y armonía entre la diversidad?
  • ¿Qué actitudes o conductas crean tensiones entre los diferentes grupos de la comunidad?

Reflexionar en nuestra tradición de fe (40 minutos)
El relato bíblico de la Torre de Babel es un símbolo de sociedades orgullosas que eligen separarse del plan de Dios (Gn. 11:1-11). Dios creó una humanidad ricamente diversa y las invitó a compartir los dones de la naturaleza y de unos y otros. Pero la dominación de un grupo sobre los demás llevó a la confusión entre diferentes grupos, culturas e idiomas. Por contraste, la Fiesta del Pentecostés ofrece una visión redentora de la diversidad humana. Es una visión de unidad entre los pueblos que va más mucho allá de sus diferencias y en que todos comparten la misma dignidad humana. El Espíritu Santo facultó a los apóstoles a predicar a la gente de muchas naciones y diferentes idiomas, creando entre ellas una nueva comunidad unida por el mismo Espíritu. El poder del Espíritu Santo y la íntima vinculación de los miembros de la comunidad de fe dan unidad al cuerpo, y de esta manera estimulan y producen amor entre los creyentes (Tertio Millenio Adveniente, Nº 45). Una fuerte tentación en una sociedad diversa es esperar uniformidad de todos sus miembros, a fin de ser una comunidad sin tensiones. Esta expectativa de asimilación puede crear una gran división y desigualdad. Este fue el caso en los inicios de la Iglesia cuando se esperaba que los paganos cumplieran con los requisitos de la ley mosaica antes de convertirse en cristianos. Al discutir esta cuestión, los apóstoles afirmaron que es el Espíritu Santo el que trae verdadera unidad a todos los creyentes, y no costumbres judías específicas (Hechos 15:1-12).

La cuestión de cumplir con los requisitos de la ley mosaica a fin de ser aceptado como cristiano fue la razón principal para el primer concilio ecuménico de la Iglesia. Este concilio distinguió entre lo que es esencial a nuestra fe y lo que es una forma, determinada culturalmente, de expresarse, organizarse o celebrar nuestra fe en un país o cultura particular. La encarnación de Dios en la persona de Jesucristo nos habla de la universalidad de la acción redentora de Dios y de nuestra fe, y de cómo nuestra fe es expresada y vivida de maneras específicas dentro de cada cultura.

El Hijo de Dios, tomando en sí nuestra naturaleza humana, se encarnó dentro de un pueblo particular, aun cuando su muerte redentora trajo la salvación a todos los pueblos... El don de su Espíritu y su amor están destinados a todos y cada uno de los pueblos y culturas, a fin de llevarlos a la unidad... Para que esto suceda, es necesario inculturar predicando de forma tal que el Evangelio sea proclamado en el idioma y en la cultura de sus oyentes (La Iglesia en América, Nº 70).
El hecho de que un católico o católica no comprenda o exprese su pertenencia a una comunidad de fe de una forma convencional a una cultura específica no significa por sí solo que esta persona sea menos católica que otra que sí lo hace. Entender y respetar esta distinción es clave para alcanzar la meta trazada por los Obispos de Estados Unidos de promover la diversidad cultural dentro de la unidad de la Iglesia (Id y Haced Discípulos, p. 18).

Preguntas de discusión:

  • ¿Cuáles son algunas expresiones culturales o formas en que los diversos grupos de su parroquia expresan su tradición de fe católica?
  • ¿Cuáles son algunas expresiones culturales o tradiciones con que ustedes crecieron cuando niños?
  • ¿Cómo son éstas similares o diferentes de la forma en que están ustedes acostumbrados a expresar su tradición de fe?
  • ¿Cómo trae el Espíritu del Pentecostés y la lectura de 1 Corintios unidad cristiana a los diversos grupos culturales, étnicos y lingüísticos en las diferentes áreas de la vida parroquial?
  • ¿En qué grado están los diferentes grupos culturales y étnicos activamente involucrados en el proceso de toma de decisiones de su comunidad de fe y en la sociedad civil?

Poner nuestra fe en acción (40 minutos)
El acontecimiento de Pentecostés demuestra que las diferencias de idioma, o cualquier otra diferencia, no será una barrera en la comunidad que Cristo ha formado (cf. Muchos miembros, un solo Cuerpo, Nº 6). Fiel a las enseñanzas de Jesucristo, la Iglesia afirma la dignidad de todos y presenta la diversidad de razas, culturas e idiomas como un don de Dios, no como un problema. En un llamado a la unidad en Cristo, los obispos de la diócesis de Galveston-Houston escribieron una carta pastoral en 1994 titulada Muchos miembros, un solo Cuerpo. En dicha carta, los obispos nos aconsejan que no podemos satisfacernos con coexistir con diferentes culturas desde la distancia o sólo con la tolerancia mutua. El catolicismo de la Iglesia y nuestra unión con Cristo requiere que las diferentes culturas se conozcan mutuamente y formen relaciones en el marco pastoral, litúrgico y social (Muchos miembros, un solo Cuerpo, Nº 26). Los obispos exhortan a los fieles a hacer frente a "cada caso de prejuicio, cada estereotipo cultural y cada expresión de racismo que divida al pueblo de Dios". También nos invitan a celebrar las diferencias que hacen de la Iglesia un bello tapiz en que cada comunidad comparte su experiencia singular de Dios (Muchos miembros, un solo Cuerpo, Nº 27).

Pasos de acción:

  • Lluvia de ideas de acciones y proyectos que promuevan la colaboración y unidad cristiana entre diferentes grupos culturales, étnicos y lingüísticos en su comunidad. (Un ejemplo de tal acción es participar en la celebración eucarística diocesana del año jubilar.) Es importante identificar al menos una acción en cada una de las siguientes áreas de la vida cristiana:
    • Liturgia
    • Educación religiosa y catequesis
    • Construcción de comunidad y desarrollo de liderazgo
    • Servicio y abogamiento
    • Proceso de toma de decisiones
  • Organicen acciones de acuerdo con su prioridad e identifiquen agentes motores para cada acción que la comunidad decida tomar.

Reunir nuestras experiencias (15 minutos)

  • ¿Qué les ayudó a participar en esta sesión y qué lo hizo difícil?
  • ¿Qué aprendieron y aceptaron de los demás?
  • ¿Qué aprendieron sobre su fe?
  • ¿Cómo hicieron las personas el compromiso de implementar un curso de acción?

Celebrar nuestra fe como comunidad (25 minutos)

  • Himno/canción de apertura
  • Invocación o invitación a la oración
  • Lectura bíblica
  • Oración de acción de gracias o petición
  • El Padrenuestro
  • Oración final y señal de la paz
  • Himno de cierre

Para quienes asistan a la JMJ 2000
"Queridos jóvenes, que su santa ambición sea santa, como él es santo" (Mensaje del Santo Padre a la Juventud del Mundo con ocasión de la 15ª Jornada Mundial de la Juventud). Con estas palabras nuestro Santo Padre nos llama a la santidad y nos llama a Roma. Muchos de ustedes podrán viajar a Roma para la 15ª Jornada Mundial de la Juventud. Muchos otros estarán vinculados en oración (y por televisión de cable) con los acontecimientos que tendrán lugar en la ciudad eterna en el corazón mismo del Jubileo. Esta celebración y, en verdad, el Jubileo vienen apenas cuatro años después que nuestra Conferencia de Obispos de Estados Unidos adoptara el plan pastoral para adultos jóvenes, Hijos e Hijas de la Luz. En este documento, los Obispos nos alentaron a vincularnos con Jesucristo, la Iglesia, la misión de la Iglesia y unos a otros. La Jornada Mundial de la Juventud y este Año Jubileo nos brindarán muchas oportunidades de poner en acción los desafíos de nuestros obispos y de vincularnos con nuestras parroquias y la Iglesia. Juan Pablo II nos ha pedido ser "intrépidos apóstoles de su Evangelio y constructores de una nueva humanidad". ¿Estamos dispuestos a enfrentar el desafío? ¿Podemos ponernos al lado de otros adultos jóvenes de todo el mundo y ser audaces en nuestra proclamación del Jubileo y de nuestra fe?

Juan Pablo II nos alienta también a tomar a María como modelo. Que aprendamos a discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas como María lo hizo. Que con toda voluntad y entusiasmo digamos sí a todo lo que Dios ha planeado para nosotros como María lo hizo. Y finalmente, que llevemos a Cristo a nuestro mundo como María lo hizo.

Preguntas de discusión:

  • ¿Cómo se prepararán para su peregrinaje antes aun de haber salido de casa?
  • ¿Hay aspectos del viaje que los ponen nerviosos? ¿Dónde hay ansiedad en el grupo?
  • ¿Cómo pueden desafiarse a acercarse más a Dios y a la Iglesia a través de esta experiencia?

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