Sesión Juventud 2: Muchos Rostros En La Casa De Dios

Los llevaré a mi cerro santo
y haré que se sientan felices en mi casa de oración...
Ya que mi casa será llamada
Casa de Oración para todos los pueblos.
Esto dice el Señor Yavé,
que reúne a todos los Israelistas, que estaban dispersos:
Agregaré todavía más gente
a los que ya se habían juntado. (Is. 56: 7-8)


Objetivo: Renovar el sentido de hospitalidad y bienvenida en la comunidad de fe.


Introducción
Al inicio del Año Jubileo, se nos pide dar testimonio de los muchos rostros en la casa de Dios. Los obispos de Estados Unidos declaran que "La imagen de Estados Unidos ha pasada de ser la de un crisol a la de un tapiz multicolor. La fortaleza y belleza del tapiz radica en los diversos colores y texturas de los hilos que lo componen" (Renovamos la Visión, p. 22). Esta sesión se concentrará en cómo nosotros, la Iglesia, honramos la imagen de los obispos mediante el ministerio de la bienvenida y la hospitalidad. La celebración de la Eucaristía por parte de la Iglesia, la manifestación de Jesús en el mundo, es un tiempo apropiado para reflexionar en cómo damos testimonio de los muchos rostros de Dios en el mundo. ¿Cómo abrimos la puerta de bienvenida en nuestros corazones y en nuestras comunidades de fe para que otros puedan experimentar a Dios habitando entre nosotros?


Bienvenida y oración (15 minutos)
Dar la bienvenida a los participantes y pedirles que hagan una breve presentación de sí mismos. Como el tema principal de esta sesión es la hospitalidad, cada participante debe recibir una señal de bienvenida después de cada presentación personal. Si el grupo es muy grande, el símbolo puede entregarse al grupo entero al final de las presentaciones. Podría ser una estampita de oración, un cirio, una pieza de rompecabezas, cualquier cosa que represente la comuniad de fe. A esto le sigue una oración sencilla, tal vez incorporando el símbolo y una canción apropiada al tema.


Compartir nuestras experiencias (40 minutos)
Los seres humanos son sociales por naturaleza. Una de las primeras tareas de la adolescencia es desarrollar la habilidad de establecer y mantener relaciones significativas. Desafortunadamente, en nuestra sociedad en rápido cambio, los jóvenes se encuentran solos y aislados, con poca asistencia para desarrollar las destrezas necesarias para esta importante tarea. Basta con recordar la tragedia de Columbine High School en Littleton, Colorado, para hacernos ver esta realidad. (Factores como la crisis de los valores familiares, injusticia social, migración forzada en busca de una vida mejor, pueden dejar a muchas personas aisladas y solas). Esta sensación de exclusión afecta también a nuestras comunidades de fe y puede distanciar a la gente de la Iglesia. Las Sagradas Escrituras nos dicen que Dios es el gran anfitrión de la vida en cuya casa hay espacio para todos. La misión que Jesucristo confió a la Iglesia es, por encima de todo, una invitación y bienvenida a ser parte del reino de Dios (Lc. 4:16-30). A fin de cumplir con esta misión, debemos ser una Iglesia acogedora y hospitalaria. Nuestras comunidades de fe deben ser lugares de bienvenida para quienes esperan encontrar el hogar que buscan y la esperanza que necesitan en la vida.

Preguntas de discusión:

  • Compartan un momento en que se sintieron bienvenidos en su comunidad de fe. ¿Cómo les ayudó esa experiencia a crecer en su relación con la comunidad? ¿En su relación con Dios?
  • Compartan una experiencia en que no se sintieron bienvenidos. ¿Cómo influenció en su vida de fe y en su relación con su comunidad?

Reflexionar en nuestra tradición de fe (40 minutos)
La Iglesia Católica tiene una tradición de hospitalidad arraigada en sus inicios hace dos mil años. Fiel a esta tradición, la Iglesia en Estados Unidos ha acogido con los brazos abiertos a los diferentes grupos de inmigrantes que han llegado a este país desde su fundación. Esta hospitalidad se manifestó mediante la formación de parroquias nacionales a principios del siglo XX para recibir a italianos, polacos, alemanes y otros inmigrantes. Estas parroquias brindaron un entorno familiar y acogedor a los nuevos inmigrantes. Dentro de esta estructura, los inmigrantes podían celebrar y practicar su fe, vivir sus tradiciones culturales y obtener el apoyo y sentido de afirmación necesarios para seguir adelante y para hacerse parte de la sociedad estadounidense. A fines de la Segunda Guerra Mundial, las parroquias nacionales empezaron a desaparecer, en parte debido a una población que estaba envejeciendo y reubicándose.

Se asumió que estos nuevos inmigrantes se asimilarían en la sociedad estadounidense y en la Iglesia. Sin embargo, este supuesto empezó a a ser opuesto fuertemente en cuestión en los años 60 por nuevos grupos de inmigrantes y por sus respectivas comunidades de fe que veían el valor de preservar su propia herencia cultural. Para 1987, los obispos de EEUU declaraban que "mediante la política de asimilación, los nuevos inmigrantes son obligados a renunciar a su idioma, cultura, valores y tradiciones y adoptar una forma de vida y culto extraña a ellos a fin de ser aceptados como miembros de las parroquias. Esta actitud aliena de la Iglesia a los nuevos inmigrantes católicos y los hace vulnerables a sectas y otras denominaciones" (Plan Pastoral Nacional para el Ministerio Hispánico, p. 66). Además, los obispos declararon que todos los nuevos inmigrantes deben "ser bienvenidos en todas las instituciones de nuestra Iglesia, en todos los niveles. Deben ser servidos en su idioma cuando sea posible, y sus valores culturales y tradiciones religiosas deben ser respetados. Más allá de eso, debemos trabajar por el enriquecimiento mutuo mediante la interacción entre todas las culturas" (Plan Pastoral Nacional para el Ministerio Hispánico, p. 66). La población inmigrante sigue siendo parte de la comunidad de nuestra Iglesia, pero nuestras parroquias no están estructuradas de la misma manera hoy que hace cincuenta años. Además, la creciente diversidad cultural de nuestras comunidades, junto con el también creciente clima antiinmigratorio en nuestro país hoy en día, parece estar erosionando la actitud evangélica de bienvenida y hospitalidad. El papa Juan Pablo II, preocupado por tal erosión, abordó este tema en su visita a Estados Unidos en 1995 cuando dijo: ¿Es que el pueblo de Estados Unidos se ha hecho menos hospitalario, sensible y atento para con los pobres, los débiles, los extranjeros, los necesitados? ¡Eso no puede ser!" Esta pregunta resuena de manera especial en el corazón de los católicos como un llamado urgente a renovar el espíritu de hospitalidad en nuestra comunidad de fe y a convertirnos en modelo de rol de esta bienvenida evangélica en todo el país.

Las Sagradas Escrituras revelan a Dios como nuestro creador, redentor y santificador. En estas tres acciones de bienvenida, Dios nos invita a la vida, nos da la bienvenida a su casa, tanto en la tierra como en el cielo, y nos envía a llevar su hospitalidad a otros. Este misterio del amor de Dios está simplemente expresado en la vida y enseñanzas de Jesús. Desde el inicio de su vida pública, Jesús se dedicó a invitar a los demás al reino de su Padre (Lc. 4:18-19).

Esta invitación va dirigida especialmente a quienes nadie quiere dar la bienvenida. Los humildes, los enfermos, los pobres, los discapacitados, los foráneos y los pecadores están entre los primeros en aceptar la invitación de Jesús con alegría. Jesús conoce sus dificultades y, en consecuencia, los invita a ser liberados de sus cargas y descansar en él. "Vengan a mí los que se sienten cargados y agobiados, porque yo los aliviaré... Pues mi yugo es bueno y mi carga liviana (Mt. 11:28,30). La invitación de Jesús a hacerse parte del reino del Padre es tanto una bienvenida como una invitación a hacer extensiva esta bienvenida a todos. Al recibir a Dios en nuestros corazones, nos hacemos amigos de Dios (Jn. 15:14) y nos comprometemos a continuar con su misión de dar la bienvenida a los demás y a caminar juntos como una sola Iglesia hacia la casa del Padre.

Preguntas de discusión:

  • ¿Qué ha ayudado a crear un ambiente de hospitalidad y bienvenida en su comunidad paroquial? ¿En qué formas ofrecemos hospitalidad?
  • ¿Qué hace difícil experimentar hospitalidad en su comunidad parroquial, especialmente para quienes más lo necesitan? ¿En qué formas no se sienten bienvenidos?
  • ¿Qué cambios necesitan hacerse? ¿Qué rol pueden ustedes desempeñar?
  • Reflexionen en nuestra tendencia humana a vernos atraídos por los que son como nosotros. ¿Cómo se experimenta esto en la escuela, barrio, familia, etc.? ¿Qué nos impide llegarnos a los que son diferentes?
  • Jesús fue atraído hacia los otros, especialmente los marginados; ¿cómo los cuestiona esto a ustedes en su vida diaria? Sean específicos.

Poner nuestra fe en acción (40 minutos)
La Iglesia en Estados Unidos tiene una base parroquial muy fuerte. La comunidad de fe es organizada, en la mayoría de casos, bajo la coordinación del pastor en colaboración con el consejo parroquial y ministerios de profesionales y voluntarios. Este modelo parroquial permite que la comunidad experimente la vida de la Iglesia en un lugar central. Las familias se reúnen en las instalaciones parroquiales para participar en los sacramentos y para beneficiarse de los diferentes ministerios y programas ofrecidos por la parroquia. Este modelo tiene muchas ventajas pero también presenta algunos retos. Uno de los retos es llegar a los católicos, tanto jóvenes como viejos, que viven dentro de los límites de la parroquia pero por diversas razones no toman parte en las actividades de la comunidad de fe. Para encarar este reto, es necesario renovar el espíritu misionero de la comunidad de fe; llegar a aquellos que no han sentido el amor de la Iglesia, en vez de esperar que vengan por su cuenta. Es necesario también preparar un lugar para católicos inactivos y darles la bienvenida con los brazos abiertos. Esta preparación significa crear un ambiente de hospitalidad y bienvenida que ayudará a todas las personas a sentirse en casa. Esto a su vez los inspirará y motivará a ser miembros activos.

En Renovemos la Visión, los obispos de Estados Unidos ofrecen un marco para dar a los jóvenes la capacidad de servir como modelos de rol de esta hospitalidad basada en el Evangelio. Una vez bienvenidos y afirmados, los jóvenes se convierten a menudo en defensores de la hospitalidad, dispuestos a promover la aceptación y respeto a todas las personas. Ellos aceptan el reto de ser discípulos de Jesús, invitando y dando a todos la bienvenida para hacerse parte de la familia de Dios, el Cuerpo de Cristo. Ellos retan a la comunidad de fe a ser el modelo de Iglesia que ayudará a llevar a cabo la Nueva Evangelización a la que nos llama el papa Juan Pablo II.

Pasos de acción:

  • Un signo de la celebración del nuevo milenio es la Puerta del Jubileo simbólica. Se nos pide cruzar su umbral reafirmando nuestra fe en Jesucristo como Señor y comprometiéndonos a dar la bienvenida a todas las personas como hermanos y hermanas en Cristo. Con esto en mente, ¿qué acciones específicas podemos tomar para invitar y dar la bienvenida a otros para pasar por esta puerta con nosotros? (Ejemplos: Una puerta específica de la parroquia puede ser designada como la Puerta del Jubileo (se incluye en esta sesión una bendición para la Puerta del Jubileo). Usando la puerta como símbolo, crear un logo para botones y polos para repartir al llegarnos a otros y invitarlos, de la escuela, la familia o el barrio, a pasar por la puerta con nosotros.)
  • Identificar cómo podemos enriquecer nuestra actitud de hospitalidad de modo que nuestro mensaje de bienvenida hable a una diversa gama de culturas, formaciones y edades. Imagínense como un nuevo feligrés dentro de su comunidad parroquial. ¿Cómo son recibidos sus dones y talentos? Con base en la discusión, crear un juego de roles o sketch que describa la escena.
  • ¿Cómo podemos brindar un ambiente de hospitalidad en las siguientes áreas de la vida de la Iglesia?
    • En la vida litúrgica y sacramental de su comunidad de fe.
    • En la formación religiosa y catequística.
    • En la construcción de una comunidad de fe más fuerte y unida.
    • Al ayudar con las necesidades humanas básicas y actuar como defensores de los necesitados.
    • En la activa participación en el proceso de toma de decisiones de la parroquia.

Reunir nuestras experiencias (15 minutos)

  • ¿Qué les ayudó a participar en esta sesión y qué lo hizo difícil?
  • ¿Qué aprendieron y aceptaron de los demás?
  • ¿Qué aprendieron sobre su fe?
  • ¿Cómo hicieron las personas el compromiso de implementar un curso de acción?

Celebrar nuestra fe como comunidad (25 minutos)

  • Himno/canción de apertura
  • Invocación o invitación a la oración
  • Lectura bíblica
  • Oración de acción de gracias o petición
  • El Padrenuestro
  • Oración final y señal de la paz
  • Himno de cierre

Para quienes asistan a la JMJ 2000
El tema elegido para la Jornada Mundial de la Juventud 2000 por el Santo Padre es "El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros" (Jn. 1:14). Dios en la persona de Jesús habita entre nosotros. "Dios el invisible está vivo y presente en la persona de Jesús" (Mensaje del Santo Padre a la Juventud, JMJ, 2000). En la clausura del Segundo Concilio Vaticano, los Padres de la Iglesia se dirigieron a la juventud diciendo: "Mírenla (a la Iglesia) y encontrarán en ella el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el profeta de la verdad y el amor, el compañero y amigo de los jóvenes". Al congregarse en Roma la Iglesia universal para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud 2000, el rostro de Dios se hará manifiesto entre los muchos peregrinos presentes.

Reflexiones de preparación:

  • ¿Qué necesitan hacer para preparar su corazón para reconocer el rostro de Dios en aquellos a quienes conocerán?
  • Al cruzar el umbral de la Gran Puerta del Jubileo, el símbolo del Año Jubileo, ¿qué llevarán ustedes consigo para fortalecer su relación con Jesús? ¿Qué dejarán atrás que sea un obstáculo a su relación con Cristo?

Preguntas para discutir en Roma:
  • ¿Cómo han descubierto a Cristo en los rostros de los que han conocido?
  • ¿Cómo los está desafiando este acontecimiento para crecer en su ministerio de hospitalidad?
  • Al experimentar el rostro de Dios entre la diversidad, ¿de qué manera es la vida de los que han conocido diferente de la de ustedes? ¿Igual que la de ustedes?
  • ¿Les ha hecho esta experiencia sentirse orgullosos de ser miembros de la Iglesia Católica? ¿De qué manera?
  • Nombren un don espiritual con el que regresarán a casa. Compartan un compromiso que estén dispuestos a hacer a fin de ver los muchos rostros de Dios en su propia comunidad de fe.

Bendición de una puerta de Jubileo en casa

Reunirse ante la puerta de Jubileo, el padre o madre ora:
Señal de la Cruz — En el nombre del Padre...

Lecturas — Jn. 10:7-10, Lc. 4:18-19 o Lev. 25:8-12

Bendición —
Bendito eres, oh Dios Nuestro Señor
porque guías nuestros pasos.
Tú bendices nuestra llegada y nuestra salida,
desde el nacimiento hasta la muerte, nos tienes a tu cuidado.

Bendice esta puerta, oh Señor,
que consagramos a este tiempo de preparación.
Cada día que cruzamos este lugar,
acércanos más profundamente a tu presencia
y las maravillas de tu amor por nosotros.

Tú eres la puerta al Reino de Dios,
la puerta de la grey a la vida eterna,
oh portal de la paz eterna, nuestro nuevo y viviente camino,
absuelve nuestros pecados y ábrenos la puerta a la salvación.

Oh Dios, protege nuestra salida y nuestra llegada;
compartamos la hospitalidad de este hogar con todos los que nos visiten.
Que los pobres encuentren descanso dentro de estas paredes
y todos los que tienen hambre encuentren refrigerio en nuestro hogar.

Llévanos a casa a través de ti, a ti, y contigo,
Dios solo y único, por los siglos de los siglos. Amén.

Sello del Jubileo — Colocar el logo del Jubileo o cruz sobre la puerta o marco de la puerta.

Himno — Todos pueden cantar el himno A Jesucristo nuestro Rey Soberano o alguna otra canción apropiada.


Bendición de una puerta de Jubileo en la iglesia

Reunirse ante la puerta de Jubileo, el obispo ora: (la puerta puede ser bendecida al principio de la misa de domingo o en otro momento apropiado.)

Bendición —
Bendito eres, oh Dios Nuestro Señor,
¡Rey del Universo!
Tú bendices nuestra llegada y nuestra salida,
desde el nacimiento hasta la muerte, nos tienes a tu cuidado.

Bendice esta puerta, oh Señor,
que consagramos a este tiempo de preparación.
Cada día que cruzamos este lugar,
acércanos más profundamente a tu presencia
y las maravillas de tu amor por nosotros.

Tú eres la puerta al Reino de Dios,
la puerta de la grey a la vida eterna,
oh portal de la paz eterna, nuestro nuevo y viviente camino,
absuelve nuestros pecados y ábrenos la puerta a la salvación.

Haz que mediante el poder de las llaves
seamos encontrados dignos de cruzar la entrada al cielo
y regocijarnos por siempre en la fiesta nupcial en tu
presencia, nuestro Novio y nuestro Señor,
a quien esperamos y a quien anhelamos.

Llévanos a casa a través de ti, a ti, y contigo,
Dios solo y único, por los siglos de los siglos. Amén.

Sello del Jubileo — Colocar el logo del Jubileo o cruz sobre la puerta o marco de la puerta. (Se sugiere que la insignia de la Tiara y Llaves Papales sea colocada sobre esta puerta como una manera de recordar el vínculo entre estas puertas y la Santa Puerta del Año en la Basílica de San Pedro.)

Himno — Cuando la puerta es rociada con agua bendita, se canta el Salmo 124 con la antífona: ¡Alcen bien alto los antiguos portales! ¡El Rey de la Gloria está entrando!

Email us at flwymail@usccb.org
Secretariat for Family, Laity, Women & Youth | 3211 4th Street, N.E., Washington DC 20017-1194 | (202) 541-3000 © USCCB. All rights reserved.





Secretariat of Laity, Marriage, Family Life & Youth l 3211 4th Street, NE, Washington DC 20017-1194 l (202) 541-3040 © USCCB. All rights reserved.