Las citas siguientes de Acogiendo al forastero entre nosotros: Unidad en la diversidad y otros documentos de la enseñanza social católica pueden ser usadas en su boletín parroquial. Estas citas pueden ser usadas también en carpetas de trabajo preparadas para clases de formación, servicios de oración, talleres o retiros.
Citas De Acogiendo Al Forastero Entre Nosotros: Unidad En La Diversidad
La diversidad de grupos étnicos, educación y clase social nos plantea a nosotros como pastores el desafío de acoger a estos nuevos inmigrantes y ayudarlos a integrarse en nuestras comunidades de maneras que sean respetuosas de sus culturas y que enriquezcan mutuamente a los inmigrantes y a la Iglesia que los recibe.
La presencia de tantas personas de tantas diferentes culturas y religiones en tantas diferentes partes de Estados Unidos nos ha planteado como Iglesia el desafío de una profunda conversión de modo que podamos verdaderamente llegar a ser un sacramento de unidad.
Los nuevos inmigrantes constituyen para la mayoría de nosotros un llamado a volver a nuestro legado ancestral como descendientes de inmigrantes y a nuestro legado bautismal como miembros del cuerpo de Cristo.
La presencia de hermanos y hermanas de diferentes culturas debe ser celebrada como un don ofrecido a la Iglesia.
Los inmigrantes, nuevos en nuestras playas, nos llaman a salir de nuestra inconsciencia y llegar a una conversión de mente y corazón mediante la cual podamos ofrecer una acogida genuina y adecuada, compartir juntos como hermanos y hermanas en la misma mesa, y trabajar codo a codo para mejorar la calidad de vida de los miembros marginados de la sociedad.
A través de los miembros de la Iglesia, las migraciones solitarias han de terminar en el abrazo de la solidaridad.
La comunidad católica viene reencontrándose rápidamente como una "Iglesia inmigrante", testigo de la diversidad de pueblos que componen nuestro mundo y al mismo tiempo de nuestra unidad en una sola humanidad, destinada a disfrutar a plenitud de las bendiciones de Dios en Jesucristo.
La Iglesia apoya los derechos humanos de todas las personas y les ofrece cuidado pastoral, educación y servicios sociales, sin importar en qué circunstancias hayan ingresado a este país, y trabaja por el respeto de la dignidad humana de todos, especialmente de quienes se encuentran en circunstancias desesperadas.
Llamamos a todos los pueblos de buena voluntad, pero a los católicos especialmente, a acoger a los recién llegados en sus barrios y escuelas, en sus centros de trabajo y culto, con sincera hospitalidad, apertura y disposición tanto a ayudar como a aprender de nuestros hermanos y hermanas, de cualquier religión, grupo étnico o formación cultural.
Las actitudes racistas pueden persistir de maneras sutiles, incluso cuando la gente se llega a conocer en actividades parroquiales, a menos que nos eduquemos vigorosamente a nosotros mismos acerca de nuestros vecinos, aprendamos a apreciar sus legados, nos encontremos con la imagen que ellos tienen de nosotros y nos esforcemos por trabajar con ellos en pro de causas comunes.
En verdad, ninguna cultura es permanente o perfecta. Todas deben ser constantemente evangelizadas y exaltadas por la buena nueva de Jesucristo.
La Iglesia del siglo XXI requiere una profunda conversión en espíritu y en sus instituciones para reflejar su propio pluralismo cultural, abordar las necesidades de la entera comunidad católica y promover una genuina comunión y solidaridad entre los diversos miembros del Cuerpo de Cristo.
Como católicos, estamos llamados a tomar medidas concretas para superar los malentendidos, ignorancia, competencia y temor que obstruyen el camino a la genuina acogida al forastero entre nosotros y al disfrute de la comunión que es nuestro destino como Hijos de Dios.
La comunión no elimina las diferencias sino que reúne a una sola familia, diversa y unida en el único Señor.
Cada vez que las diversas culturas de la parroquia y diócesis pueden compartir la Eucaristía en celebraciones especiales que reflejen las riquezas culturales de los participantes, la Iglesia demuestra en el sacramento de nuestra unidad el rostro multicultural de la Iglesia.
Sacerdotes, seminaristas, religiosos y ministros laicos deben ser alentados a aprender un idioma y adquirir conocimientos culturales pertinentes a su ministerio.
Los inmigrantes experimentarán la acogida de la Iglesia más personalmente a nivel de la parroquia. Por tanto, los pastores y personal de las parroquias deben llenarse de un espíritu de acogida, en respuesta a una cultura nueva y tal vez poco comprendida.
Las escuelas católicas pueden brindar a los hijos de inmigrantes oportunidades para que se adapten a la cultura estadounidense en un contexto impregnado por la fe y en una atmósfera de hospitalidad a todas las culturas, y pueden hacer mucho por promover el entendimiento cultural y el respeto entre padres y estudiantes por igual.
El llamado a la solidaridad es también un llamado a promover el efectivo reconocimiento de los derechos de los inmigrantes y a superar toda discriminación basada en raza, cultura o religión... Los católicos laicos, funcionarios diocesanos y obispos deben seguir trabajando junto con las organizaciones comunitarias, sindicatos y otras entidades religiosas a favor de los derechos de los inmigrantes en el centro de trabajo, escuelas, servicios públicos, nuestro sistema legal y todos los niveles de gobierno.
Las comunidades inmigrantes dan amplio testimonio de lo que ha de ser Iglesia: en su deseo de rendir culto como pueblo, en su fe, en su solidaridad mutua y con los más débiles entre ellos, en su devoción y su fidelidad a la Iglesia de sus antepasados.
La Iglesia del siglo XXI será, como siempre ha sido, una Iglesia de muchas culturas, idiomas y tradiciones, pero a la vez una sola, como Dios es uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo: unidad en la diversidad.
Citas De Otros Documentos De La Enseñanza Social Católica Sobre Acoger Al Forastero Entre Nosotros Y Construir La Unidad En La Diversidad
Nos no insistiremos nunca demasiado en el deber de hospitalidad —deber de solidaridad humana y de caridad cristiana— [de quienes] acogen a los extranjeros... [de] ofrecerles, con el calor de una acogida fraterna, el ejemplo de una vida sana, la estima de la caridad cristiana auténtica y eficaz, el aprecio de los valores espirituales.
En el Antiguo Testamento, la Tora enseña que los forasteros y las personas sin techo en general, en la medida en que están expuestos a toda clase de peligros, merecen especial preocupación del creyente. En verdad, Dios recomienda clara y reiteradamente hospitalidad y generosidad hacia el forastero... haciendo recordar a Israel cuán precaria había sido una vez su propia existencia.
Para construir la civilización del amor, el diálogo entre las culturas debe tender a superar todo egoísmo etnocéntrico para conjugar la atención a la propia identidad con la comprensión de los demás y el respeto de la diversidad.
El diálogo lleva a reconocer la riqueza de la diversidad y dispone los ánimos a la recíproca aceptación, en la perspectiva de una auténtica colaboración, que responde a la originaria vocación a la unidad de toda la familia humana.
Esta atmósfera de acogida se hace cada vez más necesaria para afrontar las diversas formas que tenemos hoy de distanciarnos de los demás. Esto se ve profundamente evidenciado en el problema de millones de refugiados y exiliados, en el fenómeno de la intolerancia racial así como en la intolerancia hacia la persona cuya única "falta" es buscar trabajo y mejores condiciones de vida fuera de su propio país, y en el temor a todos los que son diferentes y son por ello vistos como amenaza.
Nuestra dignidad común como seres humanos nos llama a respetar al extranjero entre nosotros, sin consideración de su condición legal o posición social. Un amor preferencial por los pobres y marginados es un signo seguro de la identidad cristiana de uno.
Refugiados
Es especialmente de lamentar la condición de tantos millones de refugiados, y de todo grupo de personas que sufre persecución —a veces en forma institucionalizada— por su origen racial o étnico o por motivos tribales. Este persecución por motivos tribales puede a veces asumir las características de genocidio.
Derechos De Los Migrantes
Todo ser humano tiene el derecho a la libertad de movimiento y de residencia dentro de los confines de su propio estado. Cuando haya razones justas a favor de ello, se le debe permitir emigrar a otros países y establecer residencia allí. El hecho de que sea ciudadano de un estado particular no lo priva de ser integrante de la familia humana, ni de la ciudadanía en la sociedad universal, la mancomunidad mundial de todos los hombres.
Además, la sociedad entera, en particular los poderes públicos, deben considerarlos [a los inmigrantes] como personas, no simplemente como meros instrumentos de producción; deben ayudarlos para que traigan junto a sí a sus familiares [y] se procuren un alojamiento decente.
Todas las personas tienen el derecho a la vida y a asegurarse las necesidades básicas de la vida (esto es, alimento, vestido, techo, educación, atención en salud, medio ambiente seguro, seguridad económica).
Trabajando Por La Justicia Y La Solidaridad Con Los Pobres Y Vulnerables
La justicia nunca podrá realizarse plenamente si los hombres no reconocen en el necesitado, que pide ayuda para su vida, no a alguien inoportuno o como si fuera una carga, sino la ocasión de un bien en sí, la posibilidad de una riqueza mayor.
Dios creó al hombre no para vivir aisladamente, sino para formar sociedad. De la misma manera, Dios "ha querido santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo"... Esta solidaridad debe aumentarse siempre hasta aquel día en que llegue su consumación.
La Iglesia tiene el derecho, en verdad el deber, de proclamar la justicia a nivel social, nacional e internacional, y a denunciar los casos de injusticia, cuando los derechos fundamentales del hombre y su misma salvación lo demanden. La Iglesia... tiene una responsabilidad propia y específica que se identifica con su misión de dar testimonio ante el mundo de la necesidad de amor y justicia contenida en el mensaje del Evangelio, testimonio que debe encontrar correspondencia en las instituciones cristianas mismas y en la vida de los cristianos.
VIÑETAS
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