Guía Litúrgica
Vigesimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario
6 de octubre de 2002
Is 5:1-7/ Fil 4:6-9/ Mt 21:33-43 (139)
Predicando el Evangelio de la Vida
Dios planta una viña. Trabaja desde el amanecer hasta el atardecer para hacerla fértil. Nos dicen que mueve el terreno, limpia la tierra de piedras y sólo planta viñas escogidas (¡esos somos nosotros!). Pero, ¿qué pasa cuando viene la cosecha? ¿Hay allí uvas grandes, lustrosas, suculentas y jugosas rebosantes de dulzura y belleza? No. Las uvas son pequeñas y agrias y duras. Esta viña no produjo el fruto para el que fue plantada.
¿Es así como Dios ve a veces a nuestra nación? él guió a nuestros antepasados a esta tierra desde todos los continentes y confines del globo. Con sus manos limpió la tierra y plantó lo que prometía ser una cosecha abundante: una verdadera cornucopia de justicia y verdad e igualdad. Dios plantó en los Estados Unidos de América una sola nación que, hasta en su moneda, reconoce que la unidad viene solamente de él y la virtud sólo en el seguimiento de sus caminos.
Pero al tiempo de la cosecha, ¿qué recogerá Dios en este viñedo de EE.UU.? ¿Serán frutos de justicia? ¿Incluirá esta cosecha criaturas salvadas del aborto, el valioso anciano y la vida de la mujer mortalmente enferma? ¿Incluirá esta cosecha una Iglesia que ama al pobre, al agobiado, al olvidado y a aquellos a quienes todos los demás rechazan? ¿Incluirá esta cosecha una armada que predica, proclama y vive el Evangelio de la Vida? O en la plenitud del tiempo, ¿encontrará una cosecha enfermiza en esta vasta nación? ¿Encontrará los cuerpos de aquellos a quienes hemos matado a pesar de su inocencia y ejecutado por sus crímenes? ¿Encontrará las tristes vidas de aquellos a quienes hemos olvidado o descuidado y los cuerpos sin vida de quienes murieron en la soledad de una vejez olvidada, o líneas de muertes por enfermedades que no consideramos importantes para tratar? ¿Cosechará un viñedo de apatía, egoísmo y consumismo narcisista?
¿Qué encontrará Dios cuando regrese a su viñedo? Sólo nosotros lo sabremos.
Comprometámonos hoy a cuidar la viña del Señor, comenzando por nuestra pequeña parcela. Leamos, oremos, estudiemos y vivamos el Evangelio de la Vida para poder crecer ricos en gracia y abundantes en vida divina.
Con San Pablo, no temamos. Mas bien, vivamos en la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento y que guardará nuestro corazón y nuestra mente en Cristo Jesús.
Todo lo verdadero, ¡abracémoslo y vivámoslo!Abracemos y vivamos el Evangelio de la Vida, para que la cosecha que Dios encuentre en esta nación bendecida al final de los tiempos sea rica, fiel y verdadera
Todo lo honorable, ¡abracémoslo y vivámoslo!
Todo lo justo, ¡abracémoslo y vivámoslo!
Todo lo puro, ¡abracémoslo y vivámoslo!
Intercesiones por la vida
Por los niños de nuestra nación que han muerto por el aborto, y por sus madres y padres, que reciban misericordia, paz y el amoroso abrazo de Cristo;
Oremos al Señor:
Por los miembros de la Corte Suprema de Justicia, que Dios les dé sabiduría y el deseo de proteger nuestros derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad;
Oremos al Señor:
Por aquellos que han vivido muchos años, y especialmente por aquellos tentados a morir, que Dios les conceda la fortaleza y la paciencia para hacer su voluntad y servir su Evangelio;
Oremos al Señor:
Por todos los que están solos y temerosos: por el prisionero que espera su ejecución, la anciana en un asilo, y la madre soltera abandonada por todos: que Dios nos enseñe cómo amarlos;
Oremos al Señor:
Por todos los niños no nacidos y especialmente por los de madres solteras, que Dios envíe un ángel que los proteja;
Oremos al Señor:
Por todos los legisladores, que sean sabios, compasivos y virtuosos;
Oremos al Señor:
Por nuestra Iglesia, que por la proclamación del Evangelio de la Vida, podamos vivir la cruz de nuestro Señor Jesucristo, y proclamar su buena nueva a todo el mundo;
Oremos al Señor:
Una Oración Por La Vida
Memorial Opcional
Miércoles, 22 de enero de 2003
Introducción
En noviembre de 2001, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos aprobó la adaptación de la Instrucción General del Misal Romano que aparece a continuación. Después de ser confirmado por la Santa Sede en febrero de 2002, vino a ser ley particular para las diócesis de Estados Unidos de América:
En todas las diócesis de Estados Unidos de América, el 22 de enero (o el 23 de enero cuando el 22 caiga en domingo) se observará como un día particular de penitencia por las violaciones a la dignidad de la persona humana cometidas mediante actos de aborto, y de oración por la completa restauración de la garantía legal al derecho a la vida. La misa "Por la paz y la justicia" (no. 21 de "Misas por varias necesidades") debe celebrarse con vestimentas moradas, como apropiada observación litúrgica de este día.El 22 de enero de 2003, un "día de penitencia por las violaciones a la dignidad de la persona humana cometidas por actos de aborto, y de oración por la completa restauración de la garantía legal del derecho a la vida" se observará por primera vez. El siguiente comentario se ofrece a las oraciones para esta celebración como ayuda a los homilistas y a aquellos encargados de planificar esta liturgia.
Es muy apropiado que hoy también se celebre la fiesta de San Vicente de Zaragoza (o Vicente Mártir), quien fue martirizado durante el reino del emperador romano Diocleciano en 304 d.C. San Vicente fue el fiel portavoz de la Iglesia en Zaragoza porque su obispo Valero tenía un impedimento del habla y dependía de Vicente para predicar el Evangelio en todo momento. Eso se convirtió en el verdadero talento de Vicente: nunca desistió de decir la verdad a las autoridades civiles sin importarle las consecuencias. Y en el caso de Vicente esas consecuencias fueron humillaciones y torturas constantes, y finalmente, ejecución. Al dar testimonio de su fe cristiana, la vocación de este santo fue la de convertir al gobernador de la región, Daciano, cuyas decisiones privaban a los pobres e indefensos de sus necesidades. Así también para nosotros hoy, la valentía de Vicente es una gran inspiración para defender la vida humana. Podemos beneficiarnos al recordar las palabras del Evangelio para esta fiesta: "Por mi causa, ustedes serán llevados ante los gobernantes y los reyes, teniendo así la oportunidad de dar testimonio de mí ante ellos y los paganos. Cuando los juzguen, no se preocupen por lo que van a decir ni cómo tendrán que hacerlo; en esa misma hora se les dará lo que van a decir. Pues no van a ser ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes" (Mt 10:17-22).
Misa por la paz y la justicia
La antífona de entrada se basa en el libro de Sirácides (Vea Sirácides 36:18-19) quien pide a Dios oír las oraciones de sus siervos y guiarnos en el camino de la justicia. Sólo Dios puede contestar nuestras oraciones por la preservación y la protección de los más inocentes entre nosotros contra la violencia del aborto. Al entonar esta antífona de entrada, unimos nuestras voces a quienes buscan la gracia de defender el Evangelio de la Vida.
La primera opción de la Colecta de entrada comienza recordando que quienes trabajan por la paz serán llamados hijos de Dios. La segunda frase de la oración nos recuerda las palabras del Papa Pablo VI en su famoso discurso a las Naciones Unidas: "Si quieres la paz, trabaja por la justicia". La oración pide a Dios la gracia de ayudarnos " a trabajar incesantemente por esa justicia que trae verdadera y perdurable paz".
El homilista bien podría reflexionar hoy en la realidad de que sólo conseguiremos verdadera paz cuando la justicia de Dios prevalezca. La verdadera paz reina solamente cuando todo corazón humano, especialmente el corazón de los más pequeños e indefensos entre nosotros, goza las bendiciones de esa paz. La obra de difundir el Evangelio de la Vida y de defender el derecho a la vida de los aún no nacidos debe ser la constante agenda de cada persona que busca traer a nuestros días "la paz que el mundo no puede dar".
La oración sobre las ofrendas nos recuerda que solamente en el sacrificio de Cristo en la cruz podemos encontrar respuesta a las injusticias de nuestro tiempo. Armonía y concordia nacen sólo del costado del Rey y pacificador mediante el cual ofrecemos la Eucaristía. El homilista podría reflexionar en las muchas formas en que buscamos justicia y paz: medios políticos, persuasión, relaciones, públicas, medios de comunicación, etc. Pero sólo al pie de la cruz de nuestro Señor Jesucristo podremos encontrar la paz verdadera y duradera que brinda alegría a los hijos de Dios (vea la antífona de la Comunión).
Finalmente, en la Colecta después de la Comunión pedimos que así como Dios nos ha renovado con el Cuerpo y la Sangre de su Hijo, nos llene también del "espíritu de amor". Para que seamos fortalecidos para el trabajo que nos aguarda: establecer entre todos "el regalo de su paz que Cristo nos dejó". Al relacionarlo con la oración de entrada, es aparente que para establecer esta paz debemos trabajar por la justicia: una justicia que reconoce el infinito valor de toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural.
Reflexiones sobre las lecturas (LFM 313)
Hebreos 7:1-3, 15-17 y Marcos 3:1-6
Aunque las lecturas para este día pueden ser tomadas de las lecturas de una Misa por la paz y la justicia (LFM, nos. 887-891), las lecturas de este día también pueden usarse. La primera lectura de Hebreos recuerda el gran regalo del sacerdocio, representado en Melquisedec, rey de Salem "y sacerdote del Altísimo". Abraham, se nos ha dicho, dio a Melquisedec la décima parte de todo el botín para honrar su sacerdocio, su cercanía a Dios. Hoy, "otro sacerdote es levantado", Cristo el Señor, el Sumo Sacerdote. Este nuevo sacerdote nos trae "el poder de una vida que no puede ser destruida". Por el regalo de esa vida debemos no sólo una décima parte o la mitad o hasta la mayoría de nuestras posesiones. A Cristo, el autor de la vida y el Sacerdote cuyo sacrificio nos ha ganado el regalo de la vida eterna, le debemos todo.
El Evangelio hoy presenta un reto especial a quienes buscan defender el Evangelio de la Vida y preservar y proteger la vida de los niños no nacidos. Aquellos cuya vida fue totalmente absorbida por la ley que buscaba juzgar a Jesús. Lo condenaban por atreverse a curar en sábado. Para ellos, la ley (y agarrar a quien la violara) era mucho más importante que el individuo cuya mano paralizada curó Jesús. La pregunta de Jesús a quienes buscaban condenarlo significa mucho para quienes buscamos que se cambie la ley que permite destruir vidas humanas "¿Es permitido ... salvar a una persona o matarla?" Los que lo acusaban, se nos dice, " se quedaron callados" y Jesús curó al hombre de la mano paralizada.
¿Es permitido hoy destruir la vida? Sí. Los que buscamos traer el poder sanador de Jesús a una nación cuya alma ha sido destrozada por el pecado del aborto no debemos permanecer callados. Debemos defender el derecho a la vida de cada persona desde la concepción hasta la muerte natural y trabajar por preservar los derechos de todos los olvidados o débiles o indefensos.
Notas para los homilistas
¡Qué consoladoras son las lecturas de hoy para los que desean proclamar el Evangelio de la Vida! Qué fácil es desalentarse: perder la esperanza de que quienes apoyan el aborto, la eutanasia y la pena de muerte lleguen algún día a reconocer el completo valor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Qué difícil es, a veces, creer que cambiarán.
Jonás tenía el mismo problema. "Ve a los ninivitas", le dijo Dios. "Diles que se arrepientan". Pero Jonás no podía creer que ellos se arrepentirían. Corrió tan lejos como pudo del llamado de Dios. Corrió hasta el estómago de una ballena. Pero, cuando no pudo correr más, aceptó la voluntad de Dios; entró a la ciudad de Nínive. Me pregunto qué tanta confianza tendría este profeta forzado cuando proclamaba en las calles: "En cuarenta días Nínive será destruida". Sin embargo después de sólo un día, se nos dice, "los ninivitas creyeron en la advertencia de Dios y ordenaron un ayuno, y se vistieron de saco desde el mayor hasta el menor". Si el pueblo de Nínive "se arrepintió de su mala conducta", ¿por qué dudamos que Dios pueda cambiar el corazón de los abortistas y de todos los que se oponen al Evangelio de la vida hoy?
La proclamación de Jesús en el Evangelio de Marcos hoy toca el corazón del mensaje evangélico: "El reino de Dios se acerca. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva". El Papa Juan Pablo II nos ha dicho que este Evangelio es un Evangelio de la Vida. Un Evangelio de infinito amor encarnado, de puro amor que se sacrifica hasta la muerte, de amor resucitado que ni aun la muerte puede destruir. Simón y Andrés y Santiago y Juan estaban todos sentados en sus botes cuando el Señor los llamó para que fueran pescadores de hombres. Ellos dejaron todo lo que tenían y lo siguieron para vivir su Evangelio de Vida. ¿Haremos nosotros lo mismo?
Tercer Domingo del Tiempo Ordinario (LFM 68)
26 de enero de 2003
Jonás 3:1-5, 10
1 Corintios 7:29-31
Marcos 1:14-20
El Papa Juan Pablo II a la Academia Pontificia por la Vida (Febrero de 2000)
Existen hechos que demuestran cada vez con mayor claridad cómo las políticas y las legislaciones contrarias a la vida están llevando a las sociedades hacia la decadencia moral, demográfica y económica. Por tanto, el mensaje de la encíclica no sólo puede presentarse como verdadera y auténtica indicación para la renovación moral, sino también como punto de referencia para la salvación civil.
Así pues, no tiene razón de ser esa mentalidad abandonista que lleva a considerar que las leyes contrarias al derecho a la vida -las leyes que legalizan el aborto, la eutanasia, la esterilización y la planificación de los nacimientos con métodos contrarios a la vida y a la dignidad del matrimonio- son inevitables y ya casi una necesidad social. Por el contrario, constituyen un germen de corrupción de la sociedad y de sus fundamentos.
La conciencia civil y moral no puede aceptar esta falsa inevitabilidad, del mismo modo que no acepta la idea de la inevitabilidad de las guerras o de los exterminios interétnicos. ...
En ellos se pide a los pastores, a los fieles y a los hombres de buena voluntad, especialmente a los legisladores, un compromiso renovado y concorde para modificar las leyes injustas que legitiman o toleran dichas violencias.
Es preciso usar todos los medios posibles para eliminar el delito legalizado, o al menos para limitar el daño de esas leyes, manteniendo viva la conciencia del deber radical de respetar el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural de todo ser humano, aunque sea el último y el menos dotado.
Existe otro campo muy amplio del compromiso en favor de la defensa de la vida en el que la comunidad de los creyentes puede mostrar su iniciativa: es el ámbito pastoral y educativo, sobre el que trata la cuarta parte de la encíclica, dando orientaciones concretas para la edificación de una nueva cultura de la vida. Durante estos cinco años se han emprendido numerosas iniciativas en las diócesis y las parroquias, pero queda aún mucho por hacer. ...
La modificación de las leyes tiene que ir precedida y acompañada por la modificación de la mentalidad y las costumbres a gran escala, de modo capilar y visible. En este ámbito, la Iglesia ha de hacer todo lo posible, sin aceptar negligencias o silencios culpables. ...
Ojalá que todas las personas de buena voluntad se sientan llamadas a movilizarse por esta gran causa. Que las sostenga la convicción de que cada paso dado en defensa del derecho a la vida y en su promoción concreta es un paso dado hacia la paz y la civilización.
Intercesiones por la vida
Por las madres jóvenes en cualquier parte, especialmente por aquellas tentadas a desesperarse, que por la criatura que llevan en sus entrañas, abriguen esperanza y alegría;
Roguemos al Señor:
Por todos los corazones heridos por el pecado del aborto, que Dios nos alivie y nos sane con el bálsamo de su misericordia;
Roguemos al Señor:
Por madres quebrantadas por la memoria de un hijo perdido en un aborto, que por la intercesión de la Madre de Dios, el tierno y misericordioso amor de Dios pueda sanar lo más profundo de su ser;
Roguemos al Señor:
Por un creciente amor por los hijos de Dios aún en el vientre, o en los asilos o al umbral de la muerte. Que podamos amarlos como los ama Jesús;
Roguemos al Señor:
Por todas las madres, especialmente las jóvenes y abandonadas, maltratadas o adictas, que Dios pueda sanar sus corazones rotos y sellarlas con su amor;
Roguemos al Señor:
Que el Señor, que rescata la vida del pobre del poder del malvado, envíe un ángel a guardar y a proteger a todos los niños no nacidos;
Roguemos al Señor:
Por (su Representante), (su Senador) y todos los líderes de su país: que Dios los haga fuertes y efectivos defensores de los pobres, los no nacidos y los olvidados;
Roguemos al Señor:
Dos vigilias por la Vida
La Natividad del Señor
Al principio de la hora prima
Recordar la historia de la Anunciación (Lucas 1: 26-38)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Con perfecto amor, te hiciste uno de nosotros: | Señor, ten piedad. |
| Trae alegría a los padres que esperan cuando saben que han concebido: |
Señor, ten piedad. |
| Alimenta el amor de cada madre por el hijo en su vientre: |
Señor, ten piedad. |
| Fortalece el amor de todo padre por su hijo no nacido: |
Señor, ten piedad. |
| Desvanece el temor del corazón de todo nuevo padre: |
Señor, ten piedad. |
| Danos la gracia de aceptar tu santa voluntad: | Señor, ten piedad. |
Al comienzo de la hora segunda
Recordar la historia de la Visitación (Lucas 1: 39-43)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Tú nos das el bendito ejemplo de María e Isabel: | Señor, ten piedad. |
| Envía parientes a ayudar a todos los padres que esperan: | Señor, ten piedad. |
| Provee sabios consejeros que los guíen: | Señor, ten piedad. |
| Dales buenos amigos que los consuelen: | Señor, ten piedad. |
| Dales refugio seguro en sus temores: | Señor, ten piedad. |
| Mediante la intercesión de Santa Isabel, protege a los niños no nacidos y a sus madres: |
Señor, ten piedad. |
Al principio de la hora tercia
Recordar que no hubo espacio en la posada (Lucas 2: 1-8)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Señor, mira con amor a todas las madres en cinta que no encuentran a donde ir: |
Señor, ten piedad. |
| Dale la gracia de paciente fortaleza a los jóvenes padres que se sienten solos: |
Señor, ten piedad. |
| Da descanso a nuestros hogares y al corazón de todos los padres y madres atemorizados: |
Señor, ten piedad. |
| Que nunca rechacemos al extraño o al necesitado: | Señor, ten piedad. |
| Danos descanso en el Sagrado Corazón de Jesús: | Señor, ten piedad. |
| Danos descanso en la protección siempre presente de María, nuestra Madre: |
Señor, ten piedad. |
Al principio de la hora cuarta
Recordar el bendito nacimiento de Jesús (Mateo 1: 18-25)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Bendice a cada niño que espera nacer en este mundo: | Señor, ten piedad. |
| Protege al niño que espera en el vientre de una madre: | Señor, ten piedad. |
| Santifica a quienes preparan a las madres para el día del nacimiento: | Señor, ten piedad. |
| Brinda alegría a la madre que por primera vez siente moverse a su hijo: | Señor, ten piedad. |
| Brinda paz a los padres que esperan el nacimiento de su hijo: | Señor, ten piedad. |
| Renueva el gozo en los corazones de todos los padres que esperan: | Señor, ten piedad. |
Al comienzo de la hora quinta
Recordar los ángeles y los pastores en el campo (Lucas 2: 9-14)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Enséñanos a proclamar al mundo ¡la Buena Nueva de la Vida! | Señor, ten piedad. |
| Haznos mensajeros de tu buena nueva a todos los necesitados: | Señor, ten piedad. |
| Envíanos a los pobres para que puedan conocer tu amor: | Señor, ten piedad. |
| Enséñanos el amor perfecto para que podamos convertir al mundo con amor: | Señor, ten piedad. |
| Condúcenos hacia los que más necesitan tu Evangelio: | Señor, ten piedad. |
Al comienzo de la hora sexta
Recordar la adoración de los pastores (Lucas 2: 15-20)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Danos verdadera admiración por el misterio del nacimiento: | Señor, ten piedad. |
| Da alegría a padres y abuelos por el nacimiento de cada niño: | Señor, ten piedad. |
| Enséñanos a honrar y a apoyar a las madres en cinta: | Señor, ten piedad. |
| Enséñanos a honrar y a apoyar a los padres que esperan: | Señor, ten piedad. |
| ue veamos el rostro de Jesús en cada niño que nace: | Señor, ten piedad. |
Al comienzo de la hora séptima
Recordar el viaje de los magos (Mateo 2:1-9)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Danos fortaleza para el viaje que nos llamas a hacer: | Señor, ten piedad. |
| Ayúdanos a seguir tus estrellas y a ver las maravillas que colocas frente a nosotros: | Señor, ten piedad. |
| Que en cada momento de nuestra vida busquemos a Cristo, la estrella que nunca se apaga: | Señor, ten piedad. |
| Danos sabiduría para que nunca nos perdamos en nuestro peregrinar hacia ti: | Señor, ten piedad. |
| Tráenos siempre frente al Evangelio de Vida encarnado en Jesús tu Hijo: | Señor, ten piedad. |
Al comienzo de la hora octava
Recordar la adoración de los magos (Mateo 2: 10-12)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Traigamos el mejor regalo que es nuestra vida para honrar la nueva vida: | Señor, ten piedad. |
| Danos el deseo de darlo todo por servir a Cristo: | Señor, ten piedad. |
| Que pongamos todas nuestras posesiones al servicio de aquél que nos dio la vida: | Señor, ten piedad. |
| Que adoremos el milagro infinito presente en el nacimiento de cada niño: | Señor, ten piedad. |
| Que podamos apoyar y ayudar a todos los nuevos padres: | Señor, ten piedad. |
Al principio de la hora nona
Recordemos el bendito misterio de la Encarnación (Filipenses 2: 6-11)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Que nunca dejemos de admirar y gozarnos en la maravilla de una nueva vida: | Señor, ten piedad. |
| Que cada nueva criatura sea recibida como prueba del eterno amor de Dios: | Señor, ten piedad. |
| Que cada recién nacido sea apreciado como un tesoro infinito: | Señor, ten piedad. |
| Que cada recién nacido sea protegido, alimentado y amado: | Señor, ten piedad. |
| Que el nacimiento de Cristo, Hijo de Dios, nos dé fortaleza perdurable: | Señor, ten piedad. |
El misterio de la fe
Al principio de la hora prima
Recordar las palabras de Cristo en la última Cena (Juan 16: 20-28)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
Tú nos diste la vida, danos fortaleza para preservar la vida de otros:
La noche antes de morir, tu amor nos abrazó a todos:
Abraza con tu amor al pequeño en el vientre de su madre:
Al principio de la hora segunda
Recordar cuando Jesús fue condenado a muerte (Juan 18: 28 - 19: 16)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Tú fuiste injustamente condenado a morir, escucha nuestras oraciones por estas criaturitas: | Apiádate de nosotros, Señor. |
| Se lavaron las manos por tu ejecución, danos valor para defender al débil: | Apiádate de nosotros señor. |
| Compareciste ante la multitud que te ultrajaba, danos valor para comparecer contigo: | Apiádate de nosotros, Señor. |
Al comienzo de la hora tercia
Recordar la crucifixión del Señor (Juan 19: 17-22)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Fuiste clavado en la cruz, une tus sufrimientos al de los niños matados antes de nacer: | Apiádate de nosotros, Señor. |
| Tú aceptaste la muerte para que nosotros pudiéramos vivir, fortalece nuestro amor por todo ser humano: | Apiádate de nosotros, Señor. |
| Fuiste abandonado por aquellos a quienes amabas, dales valor a los padres de todo niño no nacido. | Apiádate de nosotros, Señor. |
Al principio de la hora cuarta
Recordar la muerte de nuestro Señor Jesucristo (Juan 19: 25-20)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Exhalaste tu último suspiro por amor a los pecadores, ayúdanos a dar nuestra vida por los pobres: | Apiádate de nosotros, Señor. |
| Muriendo destruiste nuestra muerte, danos amor por toda vida humana: | Apiádate de nosotros, Señor. |
| En las manos de tu Padre encomendaste tu Espíritu, acepta la ofrenda de nuestra vida para hacer tu voluntad: | Apiádate de nosotros, Señor. |
Al comienzo de la hora quinta
Recordar la deposición del Cuerpo del Señor (Juan 19: 38-42)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Enterraron tu cuerpo con luto y lágrimas, escucha nuestro clamor por los niños abortados: | Apiádate de nosotros, Señor |
| Demostraste que la tumba no es el final de la vida, recibe a esos niños en paz: | Apiádate de nosotros, Señor. |
| Estuviste sepultado tres días, ayúdanos a aguardar esperanzados tu regreso glorioso: | Apiádate de nosotros, Señor. |
Al comienzo de la hora sexta
Recordar las mujeres en la tumba (Juan 20: 1-10)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones:
| Así como un ángel anunció tu resurrección, enséñanos a anunciar el Evangelio de la Vida: | Danos vida, Señor. |
| Así como tú resucitaste triunfante de la tumba, destruye el mortal pecado del aborto: | Danos vida, Señor. |
| Así como tu resurrección brindó alegría a las mujeres, brinda alegría a toda madre que espera un hijo: | Danos vida, Señor. |
Al comienzo de la hora séptima
Recordar la aparición de Jesús a María (Juan 20: 11-18)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones
| Mostraste a María tu cuerpo resucitado, trae esperanza a cada padre que espera un hijo: | Habita en nosotros, Señor. |
| En forma inesperada ella oyó tu voz, habla palabras de verdad a las nuevas madres: | Habita en nosotros, Señor. |
| María te oyó pronunciar su nombre, llama a cada niño desde el vientre de su madre: | Habita en nosotros, Señor. |
Al comienzo de la hora nona
Recordar nuestra jubilosa esperanza mientras aguardamos su retorno (Romanos 8: 18-21)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones
| A un mundo tan cargado de pecado y muerte, ven, llévanos a casa: | ¡Ven, Señor Jesús! |
| A un mundo en donde los niños corren peligro de muerte, ven, llévanos a casa: | ¡Ven, Señor Jesús! |
| A un mundo que quita la vida a los niños antes de nacer, ven, llévanos a casa: | ¡Ven, Señor Jesús! |
Al comienzo de la hora nona
Recordar el grito ¡Maranata! ¡Ven! (Apocalipsis 22: 16-21)
Después de una pausa para rezar en silencio, se rezan éstas u otras invocaciones
| Al niño que espera en el vientre de su madre: | ¡Ven, Señor Jesús! |
| A padres y madres tentados y temerosos: | ¡Ven, Señor Jesús! |
| A quienes buscamos defender el Evangelio de la vida: | ¡Ven, Señor Jesús! |
Oraciones en el fallecimiento de un niño (OEC)
¿Hay algo más penoso que la muerte de un niño? Palabras como no natural, horror, ira, y más que todo "¿por qué?" se albergan libremente en el corazón humano.
Pero así como la Santísima Virgen María acunó el cuerpo de su Hijo al pie de la cruz, nosotros nos arrodillamos ante la cruz de Cristo en busca de paz, sentido y respuestas. La única ruta a seguir es la que nos conduce a él. La única respuesta viene de Cristo. El único camino fuera de la oscuridad es buscar a Jesús: el camino, la verdad y la vida.
Las siguientes oraciones son tomadas del Ritual de exequias cristianas. Son las palabras de la Iglesia cuando fallan todas las demás. Tomémoslas en nuestro corazón como un clamor por misericordia, sanación y fe frente al terrible misterio de la muerte de un niño.
Oraciones por los difuntos
Por un niño bautizado
Señor, en nuestro dolor invocamos tu misericordia:Oraciones por quienes lamentan la pérdida de un niño bautizado
escucha nuestras súplicas,
y reúnenos un día de nuevo con N.,
quien, creemos firmemente,
que goza ya de la vida eterna en tu reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
Te rogamos humildemente, Señor,
que acojas en el paraíso
al niño (a la niña) N., a quien tanto amas;
que goce junto a ti en aquel lugar,
donde no hay llanto ni luto ni dolor,
sino paz y alegría sin fin,
con tu Hijo y el Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.
Amén.
- Dios de amor y clemencia,
consuélanos en nuestra aflicción,
porque nos entristecemos con la muerte
de este [pequeño] niño (esta [pequeña] niña).
Así como tú purificaste a N. en las aguas del Bautismo
y lo (la) acogiste en la vida celestial,
del mismo modo llámanos un día
para reunirnos con él (ella)
y participar del gozo eterno de tu reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
- Te pedimos, Señor,
que santa María, Madre de Dios,
que estuvo al pie de la cruz del Hijo que moría,
conforte con el consuelo de su fe
a estos padres que, como ella,
se encuentran afligidos,
e implore para ellos el premio eterno.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
- Señor Dios,
origen y destino de nuestras vidas,
en tu amorosa providencia
nos diste a N.
para que creciera en sabiduría, edad y gracia.
Ahora tú lo (la) has llamado a tu presencia.
Nos afligimos por la muerte de alguien tan joven
y nos esforzamos por comprender tus designios.
Atráelo (Atráela) hacia ti
y dale su pleno desarrollo en Cristo.
Que él (ella) permanezca con todos los ángeles y santos
que conocen tu amor y glorifican tu voluntad salvadora.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
- Dios de amor y de clemencia,
que en los planes de tu sabiduría has querido llamar a ti,
desde el mismo umbral de la vida,
a este niño (a esta niña) N.,
a quien hiciste hijo tuyo (hija tuya) de adopción en el bautismo,
escucha con bondad nuestra plegaria
y reúnenos un día con él (ella) en tu gloria,
donde creemos que vive ya contigo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
- Recibe las súplicas de tus fieles, Señor,
y conforta con la esperanza de tu misericordia
a quienes se sienten abatidos
por la muerte de su (pequeño) hijo [(pequeña) hija].
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
- Dios nuestro, conocedor de los corazones
y consuelo del espíritu,
tú conoces la fe de estos padres [N. y N.];
dales el consuelo de creer
que el hijo (la hija), cuya muerte lloran,
está en manos de tu misericordia.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Señor Dios,Lecturas de la Sagrada Escritura por criaturas muertas antes de ser bautizadas
lleno de cariño y bondad,
te encomendamos a esta pequeña criatura
que has llamado a ti desde el umbral de esta vida;
acógela en la vida eterna.
Te rogamos por sus padres,
tristes y afligidos por su muerte;
concédeles valor,
ayúdalos en su dolor y en su pena;
que todos se encuentren un día
en el gozo y la paz de tu reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Isaías 25:7-8a
Yavé destruirá la muerte para siempre
Lamentaciones 3: 22-26
Bueno es esperar en silencio la salvación Yavé.
Mateo 11: 25-30
Tú has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a la gente sencilla.
Marcos15: 33-46
Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
Juan 19: 25-30
Ahí tienes a tu madre.
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