5 de Octubre VIGéSIMO SéPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Por todos los que han llegado al otoño de sus vidas:
para que reciban estos años finales como un buen regalo de Dios,
y que aún el sufrimiento y el dolor
puedan ser recibidos como su participación en la Cruz de Cristo Jesús, nuestro Señor;
Roguemos al Señor:
12 de Octubre VIGéSIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Por nuestros legisladores:
que un gran amor por el niño no nacido
pueda motivarlos a proteger y defender a todo ser humano,
desde su concepción hasta su muerte natural;
Roguemos al Señor:
19 de Octubre VIGéSIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Por los adolescentes:
para que puedan aprender de nosotros
a respetar la vida de todo ser humano
y a amar a los pequeñitos y más vulnerables entre nosotros;
Roguemos al Señor:
26 de Octubre TRIGéSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Por todos los que están por morir,
y por sus familias:
para que puedan apreciar la belleza del don de la vida,
y confíen en la bondad del Dios que los crió;
Roguemos al Señor:
Domingo Respetemos La Vida
27 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
5 de octubre de 2003
Génesis 2:18-24/ Hebreos 2:9-11/ Marcos 10:2-16 o 10:2-12 (LFM 140)
Homilías por la vida
Merecen algo mejor
Merecen algo mejor. El joven y la joven que se enamoran. El mundo les dice que satisfagan sus deseos y que lo único importante es el placer. Se les aconseja que eviten compromisos si les causan molestias, que usen contraceptivos para evitar el embarazo y que no dejen que un embarazo problemático les estorbe.
Merecen algo mejor. Merecen saber que han sido llamados a una noble vocación: a "una alianza por la cual un hombre y una mujer sellan un compromiso mutuo para toda la vida, una alianza que deriva su fuerza, su fortaleza y su dignidad de la creación". Merecen saber que han sido llamados a cooperar ¡con el Creador de la Vida!
Merecen algo mejor. Las mujeres que acaban de concebir y los hombres que esperan su primer hijo. La cultura de la muerte los tienta a tratar a su hijo por nacer como algo prescindible, una inconveniencia pasajera. Merecen algo mejor. Merecen saber que son custodios del más preciado regalo.
"[Ellos] merecen nuestro amor, nuestra ayuda, nuestro respeto. Los niños por nacer merecen algo mejor que un aborto, Señor: merecen nuestro cuidado y protección. Y esta nación merece algo mejor, Señor: merece leyes que reconozcan el inalienable derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". (Obispo Wilton Gregory, "Una Oración por la Vida")
El viejo y el enfermo, el débil y el olvidado merecen algo mejor. La oscuridad, el pecado y la muerte los engañan haciéndoles creer que son indignos, inútiles y débiles. Olvidados por gran parte del mundo, son tentados en su soledad por el desaliento, el temor y la desesperación. Merecen algo mejor. Merecen saber que Dios que los crió a imagen y semejanza suya, les ha conferido un valor infinito y una dignidad duradera.
Merecemos algo mejor. Cuando el mundo nos dice que somos el resultado de una coincidencia accidental de los astros, merecemos saber que Dios ha colocado la creación en nuestras manos como sus administradores, formados a su imagen y semejanza por amor.
Cuando el mundo ve el sexo como un foro más de poder político y opresión, merecemos saber que Dios nos creó hombre y mujer para que su amor se hiciera carne en el amor de un hombre y una mujer que, dejando padre y madre, se unen el uno al otro para formar una sola carne. Por esta sagrada unión, el hombre y la mujer participan en el acto creador de Dios. Dan vida a un hijo concebido y nacido en el amor de Dios.
Cuando el mundo ve al pequeño y al débil, al olvidado y al frágil como dispensables, merecemos saber que cada ser humano es un hijo de Dios, y que en el último de nosotros podemos encontrar y amar a Cristo, nuestro Salvador.
Cuando el príncipe de las tinieblas trata de engañarnos con sus oscuras y mortales mentiras, merecemos algo mejor. Merecemos la verdad del Evangelio de la Vida.
Reflexiones por la vida
La alianza matrimonial, por la que el hombre y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, reciben su fuerza y vigor de la creación, pero además, para los fieles cristianos, se eleva a una dignidad más allá, ya que se cuenta entre los sacramentos de la nueva alianza. Por su índole natural, la misma institución del matrimonio y el amor conyugal se ordenan a la procreación y educación de la prole, que son como su cumbre y coronación, y los hijos son realmente el don más excelente del matrimonio y contribuyen en gran manera al bien de los mismos padres. (Prenotandos del Ritual del Matrimonio, nos. 1, 3)
La íntima comunidad de vida y de amor, por la cual los cónyuges "ya no son dos, sino una sola carne" ha sido creado por Dios, dotada de leyes propias, y enriquecida con aquella bendición, la única que no fue abolida por la pena del pecado original. Por tanto, este sagrado vínculo no depende del arbitrio humano, sino del autor del matrimonio, que quiso que tuviera unos peculiares bienes y fines. Cristo Señor, al hacer una nueva creación y renovarlo todo, quiso restituir el matrimonio a la forma y santidad primitivas, de tal manera que lo que Dios ha unido no lo separe el hombre, y, además elevó este indisoluble pacto conyugal a la dignidad de sacramento, para que significara más claramente y retornara con m'as facilidad al modelo de su alianza nupcial con la Iglesia. (Prenotandos del Ritual del Matrimonio, nos. 4, 5)
El verdadero ejercicio del amor conyugal y toda la estructura de la vida familiar, sin subestimar los demás fines del matrimonio, tienden a que los cónyuges cristianos están dispuestos con fortaleza a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos amplía y enriquece día a día su familia. Y así confiando en la divina providencia y ejercitando el espíritu de sacrificio, glorifican al Creador y se esfuerzan por la perfección en Cristo cuando, con la generosa función de procrear, asumen una responsabilidad humana y cristiana. (Prenotandos del Ritual del Matrimonio, no. 10)
OCTUBRE 2003: NOTITAS PARA EL BOLETíN
A pesar de lo que nuestra cultura trate de decirnos, llegar a viejo es una parte importante de la vida. ¡Y todos los que tienen esa oportunidad, no son maldecidos sino bendecidos con una vida abundante!
Todos los seres humanos comparten el mismo origen, naturaleza y destino, aunque nuestro aspecto y físico, artes, intereses, gustos y hábitos son asombrosamente diversos.
Nosotros necesitamos ser testigos radicales pro-vida incluyendo vidas muy culpables para que podamos virar la corriente hacia una cultura de vida.
Desde el momento de su concepción, se desarrolla la maravillosa complejidad de una nueva vida.
¡La vida es un Milagro!
Preparado por el Secretariado de Actividades Pro-Vida de la USCCB

![[home]](/prolife/images/usccb_logo.gif)