¿Por qué los cristianos se oponen a la clonación humana?
Es una pregunta válida. Ovejas, ganado y otros animales han sido "duplicados" por el procedimiento de clonación llamado transferencia nuclear de células somáticas. A un óvulo sin fertilizar se le retira su núcleo o se inactiva, y se reemplaza con el núcleo de la célula de un cuerpo del animal. Este núcleo que contiene toda la composición completa genética del animal, es estimulado para que interactúe con el óvulo e inicie el desarrollo de un nuevo embrión que es genéticamente idéntico al animal que provee la célula corporal. Los científicos dicen que la técnica puede ser útil para la cría de animales y estudios médicos; y la Iglesia Católica no objeta, mientras se respeten las normas contra el maltrato a los animales en las investigaciones.
Sin embargo la situación es muy diferente cuando se propone que se use esta técnica para los humanos. Los católicos y otros cristianos están al frente del esfuerzo para prohibir la clonación humana. Los defensores de la clonación hasta nos acusan de imponer nuestras creencias religiosas en este debate a una sociedad diversa.
Esa acusación es falsa e injusta. El sentimiento público contra la clonación humana es fuerte y trasciende las categorías políticas y religiosas normales. Pero aún queda la pregunta: ¿Por qué los cristianos, en particular, están tan fuertemente opuestos?
Los defensores de la clonación humana han propuesto una respuesta: los católicos y otros cristianos se oponen a la clonación porque temen a la ciencia y al progreso técnico. Esto es falso. La tradición católica honra la razón natural y la ciencia, a menos que estas disciplinas reclamen que no hay verdad más allá de ellas. Los católicos tienden a ver la nueva tecnología como buena en sí, o por lo menos moralmente neutral o algo que puede convertirse para el bien o el mal dependiendo de cómo y por qué se usa. Pero nuestra tradición insiste en la dignidad de la persona humana y en la necesidad de respetar los bienes básicos humanos de esa persona, el primero y más básico de los cuales es la vida en sí. Aquí es donde comienza la verdadera respuesta.
La clonación como amenaza a la vida
La clonación puede parecer como una nueva forma de crear vida humana, no destruirla. Pero una mirada más de cerca revela un lado más oscuro.
Esta técnica puede usarse para dos propósitos: para producir un bebé que nazca vivo (llamado clonación "reproductiva"), o para crear embriones humanos que serán destruidos en experimentos médicos (llamados clonación terapéutica, o más exactamente llamados experimentos en clonación, ya que no existe ninguna seguridad de que métodos terapéuticos resultarán de estos experimentos).
Las pruebas animales indican que cualquier intento de usar la clonación humana para la reproducción tendrá muchas víctimas. Mucho más del 90% de los embriones clonados son abortados involuntariamente o nacen muertos. Dolly, la oveja clonada, fue la única sobreviviente de 277 intentos. Los pocos que sobreviven al nacimiento tienen serios problemas médicos. Dolly, por ejemplo, desarrolló artritis prematura y vivió solamente la mitad en su tiempo de vida normal. Aun llevando tales gestaciones a su término normal puede plantear peligros especiales a la madre, debido al riesgo del "síndrome del hijo grande" y otros problemas. En realidad, cualquiera que escoja la reproducción en esta forma debe despreciar la vida y la salud del niño y la madre, para enfocarse en los supuestos beneficios de crear una "réplica" mucho más joven de uno mismo. La clonación reproductiva humana es un experimento peligroso y de poca ética para las mujeres y los hijos.
Muchos científicos se oponen a la clonación "reproductiva" por estas razones, pero aún favorecen la clonación para investigaciones. Sin embargo, la diferencia principal entre ambas es: En la clonación reproductiva, la mayoría de los humanos clonados morirán muy jóvenes; en la clonación para investigaciones, todos morirán, porque serán asesinados deliberadamente para cumplir con la idea de alguien de lo que constituye el progreso médico. El hecho de que este asesinato puede ocurrir en una etapa muy temprana no importa ya que nuestra tradición moral considera que la vida humana en cada etapa merece respeto y protección.
La clonación para investigaciones presenta un nuevo mal que no se encuentra ni siquiera en la práctica del aborto: crear nuevas vidas humanas con el solo propósito de destruirlas. Esta es la última reducción de la vida humana a un objeto, a un producto que no tiene valor excepto para el uso que alguien más desee darle. El Papa Juan Pablo II ha subrayado el grave mal de tales experimentos, llamándolos "atrocidades" que son "indignos del hombre" (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1° de enero de 2001, 19).
Algunos tratan de oscurecer la gravedad de tales males, negando la humanidad de las víctimas. Ellos dicen que el ente producido por clonación no es realmente un ser humano con alma humana. A veces hasta reclaman que ningún embrión puede ser un ser humano hasta después de la implantación en el útero de la madre. Pero estos son argumentos sin ninguna base real y sólo para servir sus intereses.
Una vida humana comienza cuando se forma un nuevo organismo de la especie humana, es decir, cuando se completa la constitución genética humana y ha comenzado el desarrollo de una nueva persona. La implantación en el útero de la madre es un paso importante necesario para la supervivencia posterior, pero es esencialmente un cambio en la ubicación, una etapa entre otras muchas en una nueva vida humana que ha empezado a crecer. Y mientras la unión del óvulo y la esperma son normales y la forma normal para que comience tal desarrollo humano, ahora sabemos que hay otras formas.
Los católicos no tienen ninguna razón para negar que un humano clonado tenga alma humana. El respeto que dicta la razón natural, y para beneficio de la misma dignidad de todos los seres humanos ante Dios, nos lleva a respetar todo miembro de la especie humana sin tener en cuenta sus orígenes. La narración del origen de Jesús en el Evangelio de San Lucas con seguridad nos recuerda que puede haber más de una forma para llegar a la existencia como un nuevo miembro de la familia humana.
Pero si la clonación creara un ser humano completo, ¿puede ser ésto un mal en su principio? Si el derecho a la vida no estuviera bajo ataque, y la tasa de muerte por clonación se redujera significativamente, ¿aún lo rechazarían los católicos? La respuesta a esta pregunta requiere una mirada más escrutadora.
La clonación y la dignidad humana
Según afirma el Segundo Concilio Vaticano, los juicios morales acerca de la procreación deben estar basados en "la naturaleza de la persona y de sus actos" (Gaudium et spes, 51). Para comprender la naturaleza del acto de la procreación humana es darse cuenta de por qué la clonación no respeta esta naturaleza.
En la procreación sexual, un hombre y una mujer se unen en un abrazo amoroso que expresa su amor de uno hacia el otro, y está abierto a cooperar con Dios para crear una nueva persona que los dos amarán y cuidarán juntos. Esta apertura a una nueva vida prepara el escenario para nuestra actitud vitalicia hacia nuestros hijos. Sabemos que nuestros hijos surgen de nuestro acto de dar conscientemente el amor; que su personalidad será una nueva e impredecible combinación de cualidades de ambos padres; que fuimos el vehículo para el trabajo creativo de Dios, sin forzar la producción de un hijo particular. La naturaleza en sí de nuestro acto procreativo, respeta el papel creativo de Dios. También mostramos respeto por nuestros hijos dándoles la bienvenida como miembros tan libres e iguales de la familia humana con su propio futuro abierto, como personas sobre quienes tenemos una guía, no un dominio absoluto.
Algunas tecnologías reproductivas ayudan a este proceso natural. Pero algunos ignoran o violan sus características centrales. Estas tecnologías hacen hijos como resultado del encuentro de la esperma y el óvulo en un plato petri, en vez del acto de los padres de un amor personificado. Aquellas introducen terceras partes en un acto procreativo, y permiten a los técnicos manipular y controlar la vida en el preciso instante de su comienzo.
La clonación humana es el paso final degradante en este camino de procreación despersonalizada. No existe el encuentro de un hombre con una mujer; en realidad, un hijo producido en esta forma no tiene "madre" ni "padre" en el sentido ordinario, sino que se ajusta a un patrón o un modelo. En vez de la apertura a la vida, incluye la dominación sobre la vida, por un técnico que fabrica el nuevo embrión en un laboratorio, y hasta controla sus características genéticas para que sean idénticas a las de otra persona. Este acto tiene la naturaleza de un proceso de fabricación, adaptado a un producto que no es de un ser humano. Es algo deshumanizante en el acto de crear.
Esto no solamente es una idea cristiana, ya que es parte integral de nuestra naturaleza humana. Dice el profesor de ética Leon Kass: "La clonación humana representaría... un paso gigante hacia la conversión del acto de engendrar en uno de crear y la procreación en una fabricación (literalmente, algo "hecho a mano")... Aquí estaríamos dando un paso gigante para hacer el hombre a sí mismo simplemente como otra de las cosas hechas por el hombre".1
Sin embargo, los cristianos sobre todo, deben darse cuenta qué tan importante es esta idea. Nuestro Credo destaca la igualdad de Dios Hijo con Dios Padre al insistir que él fue "engendrado, no creado". El Hijo no es una criatura como las otras, sino que surge de un amor eternamente espontáneo del Padre. Nuestra humildad ante Dios comienza en el hecho de que aunque somos hechos a imagen y semejanza de Dios, en realidad, somos criaturas hechas por él, "obras de Sus manos". Esto es un elemento central a la infinita y vasta diferencia entre lo humano y lo divino –una diferencia que sólo se sobrepasa con el acto libre del amor infinito de Dios hacia nosotros.
Cuando fabricamos a nuestros descendientes siguiendo especificaciones pre-establecidas, entonces, estamos violando un aspecto fundamental de la procreación humana. Estamos tratando a nuestros hijos como seres inferiores, como nuestras "criaturas". Otros abusos de la clonación humana –la egoísta idea de producir un hijo "exactamente como yo"; la voluntad de someter a los humanos clonados a altos riesgos de muerte y a la incapacidad; y hasta la intención de los científicos de clonar embriones sólo para explotarlos y destruirlos– fluyen de este primer error fundamental.
La clonación humana crearía un ser humano que merezca ser tratado como nuestro semejante, pero lo haría en una forma que reduce su dignidad de igual. No es una forma meritoria para los humanos traer otros humanos al mundo en esa forma.
Y aún hay más.
La clonación y Dios
La clonación invita a los humanos a tratar sus "creaciones" como entes inferiores a ellos mismos, como menos que humanos. Pero también los incita a pensar de ellos mismos como mejores que los humanos, como dioses con el poder de "crear" vida. Esta es, naturalmente, la primera y más grande tentación presentada a los seres humanos, a Adán y a Eva: "Serán como dioses" (Gén 3:5).
Si esto parece ser una exageración, solamente tenemos que mirar a las declaraciones por los proponentes de la clonación.
El Dr. Lee Silver de la Universidad de Princeton titula su libro que aboga por la clonación Remaking Eden [Rehaciendo el Edén]. En este Edén el experto en genética hace el papel de Dios, dirigiendo la humanidad a la "auto-evolución" de una raza superior. Anticipa un futuro en el cual "seres mentales", "tan diferentes de los humanos como los humanos lo son de los gusanos primitivos con pequeños cerebros que al principio se arrastraban sobre la superficie de la tierra", y quienes se encuentran "cara a cara con su creador" –y ven "simplemente su propia imagen en el espejo".2 Los científicos que crearon a Dolly, la oveja, titulan su libro reciente "La Segunda Creación" y ellos no se refieren simplemente a crear ovejas. "La clonación de la clase que hemos desarrollado", dicen ellos, "hace posible en principio aplicar todo el inmenso poder de la ingeniería y la genómica genética a los animales ... y los seres humanos, naturalmente, son animales también".3
Estos científicos no hablan sólo acerca de los esfuerzos loables de usar la genética para eliminar enfermedades terribles. La clonación es una "tecnología de entrada" para los esfuerzos de ingeniar la especie humana, por dos razones. Primero, la ingeniería genética es un procedimiento tan "al azar" que uno debe poder duplicar los triunfos que se obtienen en raras ocasiones. Segundo, si los científicos pueden hacer un nuevo ser humano que sea exactamente igual que otro, pueden refinar la técnica para hacer que los nuevos seres sean iguales excepto por una o dos características "superiores", y luego construir sobre éste ser mejorado. La especie humana en sí misma sería tanto el laboratorio como el animal de investigación para tales experimentos.
Trágicamente, muchos científicos son ciegos ante la paradoja en este gran plan. Cuando Dios hace las personas a Su imagen y semejanza, produce una interminable variedad de personas que reflejan diferentes facetas de Su infinita bondad. Cuando nosotros, simples humanos, tratamos de hacer lo mismo, solamente estamos replicando unas pocas características que ya nos suministraron en el pasado y cuando tratamos de "mejorar" sobre esa herencia, todo lo que podemos aplicar son nuestras propias estrechas, prejuiciadas e imperfectas ideas de un humano "mejor". Imponiendo estos defectos en nuestros descendientes, aun los trataríamos como objetos que podemos controlar y dominar, hasta si tratamos de crear un producto "superior". Como profetizó C. S. Lewis hace más de medio siglo en La Abolición del Hombre, estos nuevos poderes para controlar las especies no son una ganancia neta de poder para la humanidad –son una forma para que unos humanos imperfectos ejerzan control sobre muchos otros humanos y el futuro de la humanidad.
Imaginarnos que estamos listos para tales controles sobre el prójimo es cometer el mayor pecado de orgullo desmedido, los que los griegos llamaron hibris (arrogancia), el orgullo de lograr el poder que pertenece solamente a los dioses. Aunque cualquier persona razonable puede ver la destructibilidad de tal orgullo, además los cristianos saben que el camino hacia el progreso humano está pavimentado en el servicio humilde de los demás. El sacrificio de Jesús iluminó el camino correcto para nosotros hace mucho tiempo. Desde esta perspectiva, la clonación humana y la mentalidad que la acepta y la usa es una afrenta a Dios.
Conclusión
Los católicos y otros que respetan la vida humana están ante un cruce de caminos. Durante décadas hemos sostenido a veces una lucha solitaria para insistir que la vida humana inocente nunca debe ser atacada. Hoy nos enfrentamos a un desafío que es más sutil, pero más dominante ya que los seres humanos son tentados para ejercer un último control sobre los orígenes y características de los humanos semejantes. Como dijo el moralista Nigel Cameron, pasamos de "las cuestiones de Caín y Abel" a las "cuestiones de la Torre de Babel", de negar la vida humana a negar nuestras limitaciones humanas.
Es muy cierto que el debate sobre "la clonación para investigaciones" demuestra que habrá mucha destrucción de vida a lo largo de este camino también. Pero esta voluntad para destruir la vida es un síntoma de un nuevo nivel de desprecio a la dignidad humana, una mentalidad que trata a los otros seres humanos como objetos para ser controlados. Nada podría ser más extraño a la actitud necesaria para construir una cultura de la vida.
Programas Modelos
En la mayoría de los estados el movimiento pro-vida está al frente de la batalla contra la clonación y otras investigaciones biomédicas inmorales. Sin embargo, cuando se enfrenta a "la comunidad científica" en un debate sobre las investigaciones, el movimiento pro-vida, de por sí, tiene desventaja para ganarse la credibilidad científica. Tener una voz más creíble para desafiar las investigaciones inmorales y promover las investigaciones morales fue el ímpetu para la formación de la Coalición de Nebraska para Investigaciones éticas (NCER por sus siglas en inglés: Nebraska Coalition for Ethical Research). La NCER está compuesta de un grupo diverso de dirigentes en las ciencias, la medicina, la religión, la ética, el comercio y la política que desean promover investigaciones biomédicas de vanguardia para proteger la vida, la dignidad y los derechos de todo ser humano en cada etapa de su desarrollo. L Coalición presenta su visión, objetivos e informes detallados sobre las implicaciones morales de las investigaciones sobre los tejidos fetales, las células troncales embrionarias y la clonación en su página digital de Internet en www.ethicalresearch.net. Información sobre cómo formar tales grupos se puede obtener haciendo contacto con Greg Schleppenback, Director Estatal de Actividades Pro-Vida para la Conferencia Católica de Nebraska, llamando al 402-477-7517 o en gregschlepp@alltel.net.
"Begotten, Not Made: Pastoral Care for Couples Experiencing Infertility"[Engendrado, No Creado: Cuidado Pastoral para las Parejas que Sufren de Infertilidad] es un programa desarrollado por el Instituto de Vida Familiar. El manual del programa se usa para ayudar a las diócesis a aconsejar a las parejas infértiles y proveer enseñanzas morales sobre cómo tratar la infertilidad. Para más información de cómo comenzar este programa en su diócesis haga contacto con el Instituto de Vida Familiar en el 703-365-7281 o visite la página digital en www.familylifeinstitute.com.
Recursos
Documentos para la enseñanza
Declaración sobre la producción y uso científico y terapéutico de las células estaminales embrionarias humanas. Pontificia Academia Pro-Vida, 2000. Visite www.vatican.va.
Instrucciones al respeto a la vida humana en su origen y en la dignidad de la procreación. Congregación para la Doctrina de la Fe, 1967. Visite www.vatican.va
El evangelio de la vida. Papa Juan Pablo II, 1995. USCCB: Llame al 800-235-8722 o visite www.usccb.org/publishing.
Recursos impresos
Catholic Bioethics and the Gift of Human Life. Bioética católica y el don de la vida humana. William E. May, Huntington, Ind.: William E. May, Huntington, Ind.: Our Sunday Visitor Books, 2000 ($17.95).
Cutting-Edge Bioethics: A Christian Exploration of Technologies and Trends. [Bioética de avanzada: una exploración cristiana de tecnologías y rumbos. John F. Kelner, et. al. (editores), Grand Rapids, Mich.: Wm. B. Berdmans Pub. Co., 2002 ($22.00).
Ethical Issues in Human Cloning [Cuestiones éticas en la clonación humana]. Michael C. Brannigan (editor), New York: Seven Bridges Press, 2001 ($19.95).
Human Cloning: Assault on Life and Dignity. [Clonación humana: asalto a la vida y la dignidad]. National Committee for a Human Life Amendment: Washington, D.C. El folleto se puede conseguir en www.nchla.org/campaign.htm.
Human Cloning and Human Dignity: An Ethical Inquiry [Clonación humana y la dignidad humana: Una investigación ética]. Washington, D.C.: The President's Council on Bioethics, 2002. Disponible en www.bioethics.gov.
Human Cloning: Playing God or Scientific Progress? [Clonación humana: ¿Jugando a Dios o progreso científico?] Lane P. Lester y James C. Hefley, Grand Rapids, Mich.: Fleming H. Revell, 1998. Visite www.bakerbooks.com o llame al 800-877-2665.
Issues for a Catholic Bioethic. [Ediciones para una bioética católica]. Luke Gormally (editor), Londres: The Linacre Center, 1999. Visite www.linacre.org.
Life, Liberty and the Defense of Dignity: The Challenge for Bioethics. [Vida, libertad y la defensa de la dignidad: Desafío de la bioética]. Leon R. Kass, M.D., San Francisco: Encounter Books, 2002 ($26.95).
The Future is Now: America Confronts the New Genetics. [El futuro es ahora: América confronta la nueva genética]. William Kristol y Eric Cohen (editores), N.Y.: Rowman & Little Field Publisher, 2002 ($19.95).
"Respect for the Human Embryo", [Respeto para el embrión humano], Verano 2001 (Vol. 1, No. 2) Edward J. Furton, M.A., Ph.D. (editor), Boston, Mass.: The National Catholic Bioethics Quarterly, 2001.
The Whole Truth about Stem Cell Research, What Hollywood, Biotechnology and the News Media Leave Out [Toda la verdad acerca de las investigaciones con las células troncales. Lo que Hollywood, la biotecnología y los medios noticiosos ocultan]. William L. Saunders, Jr., y Charles A. Donovan. Washington, D.C.: Family Research Council, 2001 ($4.50)
What is Man, O Lord? The Human Person in a Biotech Age. [¿Qué es el hombre, Oh Señor? La persona humana en una era biotécnica]. Edward. J. Furton, M.A., Ph.D. y Louise A. Mitchell, M.T.S. (editores), Boston, Massachusetts: The National Catholic Bioethics Center, 2002 ($24.95).
Without Moral Limits: Women, Reproduction, and Medical Technology [Sin límite de moral: Mujeres, reproducción, y tecnología médica]. Debra Evans, Wheaton, Ill.: Crossway Books, 2000 ($14.99).
Internet
USCCB Secretariat for Pro-Life Activities [Secretariado Pro-Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU.]
www.usccb.org/prolife
The Coalition of Americans for Research Ethics [Coalición de Estadounidenses por la ética en las Investigaciones]
www.stemcellresearch.org
Americans to Ban Cloning [Estadounidenses para Prohibir la Clonación] www.cloninginformation.org
National Committee for a Human Life Amendment [Comité Nacional para una Enmienda a Favor de la Vida Humana]
www.nchla.org/campaign.htm
Traducción: Marina A. Herrera, Ph.D. Bethesda, MD.
________________
1 L. Kass, "The Wisdom of Repugnance," en The New Republic, June 2, 1997, p. 23.
2 L. Silver, Remaking Eden (Avon Books 1998), pp. 292-3.
3 I. Wilmut, K. Campbell and C. Tudge, The Second Creation: Dolly and the Age of Biological Control (Farrar, Straus and Giroux 2000), p. 9.

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