"Sepan que el Señor es bueno. él nos hizo y somos suyos –su pueblo, las ovejas de su rebaño".
Así comenzó la lectura del Oficio Divino el día que me senté a escribir este artículo. Este versículo parecía ser irónicamente adecuado para una reflexión sobre clones humanos.
En la conferencia de las Naciones Unidas sobre racismo el año pasado en Durban, Sudáfrica, la "Contribución de la Santa Sede" cerró con el perturbador espectro del "riesgo de una nueva forma de racismo", presentada ineludiblemente por el prospecto de clones humanos. La Contribución advertía que las técnicas de "procreación artificial, el uso de 'embriones superfluos,' [y] los llamados clones terapéuticos, ... podrían conducir a la creación de una subcategoría de seres humanos', destinados básicamente a la conveniencia de otros". Esto, argumentaban ellos, "sería una nueva y terrible forma de esclavitud. Lamentablemente, no puede negarse que la tentación de la eugenesia es aún latente, especialmente si es explotada por poderosos intereses comerciales".
Este es un lenguaje fuerte: racismo, esclavitud, eugenesia. ¿Es la Santa Sede alarmista? ¿Está este lenguaje diseñado para condenar a los clones humanos a culpabilidad por asociación? ¿O es ésta una nota de alarma profética basada en acciones, retórica y pretensiones muy públicas de miembros de la comunidad científica y biotecnológica?
Clones, SCNT y el momento legislativo
Los clones son ahora llamados "transferencia del núcleo de células somáticas", abreviado "SCNT" (por las siglas en inglés). Para producir un clon, los investigadores deben obtener un ovocito (la célula reproductiva de una mujer) y remover el núcleo (que contiene la mayoría de los genes, y las instrucciones para funcionar). Imaginen tomar un huevo de gallina y de algún modo, sin destruir el huevo, remover toda la yema, dejando solamente la clara dentro de la cáscara. Luego, una célula (digamos, una célula de la piel) es tomada del cuerpo de un adulto diferente. Como viene del cuerpo es considerada una célula "somática". El núcleo de esta célula de la piel se extrae y se inyecta o se "transfiere" al ovocito enucleado. Esto es como inyectarla al huevo desyemado del pollo, solamente en una escala muchísimo más pequeña. Estimulados por una carga eléctrica, los materiales combinados de las dos células diferentes se funden. El ovocito nota que ahora tiene un complemento entero de DNA (en vez de la mitad que tiene en sí mismo) y comienza a actuar como si hubiese sido fertilizado. Comienza a dividirse y a crecer como un embrión. En este momento, pueden pasar dos cosas. El embrión puede ser implantado en el útero de una mujer y completar su ciclo. O puede usarse para investigación. En ambos casos, se ha creado un clon humano.
Actualmente, tres proyectos de leyes para determinar cuál (en casa de que uno lo sea) de los procedimientos anteriores es legal, están compitiendo por votos en el Senado de Estados Unidos. Un proyecto propone la prohibición total a la producción de clones humanos. Si el Senado la pasa, la clonación de embriones humanos (para cualquier propósito) será ilegal en Estados Unidos. En términos éticos clásicos, los proponentes de esta ley sostienen que ningún fin para el cual se emplee la clonación justifica este medio de conseguirlo.
Otros han presentado un proyecto de ley alternativa que trata de hacerla dependiente del propósito para el cual se emplea la clonación. Esta legislación permitiría a los científicos usar SCNT para crear clones humanos en sus laboratorios y usarlos en investigaciones y como fuente de células troncales. Esta aplicación es llamada clonación para "investigación" o "terapéutica". Pero prohibiría implantar dicho embrión en el útero (o llevarlo a término), para prevenir lo que algunos llaman "clonación reproductiva".
¿Cómo puede ser la clonación "terapéutica" (si ciertamente no es terapéutica para el clon)? Los partidarios argumentan que las células troncales derivadas de embriones "sobrantes" de procedimientos de fertilización in vitro (FIV) no serían tan útiles como algunos dicen, por el problema del rechazo de tejidos. Por lo tanto, si vamos a lograr lo que prometen las investigaciones de células troncales embriónicas humanas (ESCR= embryonic stem cell research) para los millones de personas que sufren de Parkinson, diabetes, ALS, daños en la médula espinal, y otros, los pacientes necesitarán embriones iguales a sus propios tejidos individuales. En otras palabras, para crear una terapia para un paciente, ese paciente necesita ser clonado.
Racismo y esclavitud
Es generalmente considerado de mal gusto en los argumentos éticos invocar los históricos espectros de la esclavitud o de los nazis. Pero un creciente número de críticos, tanto seculares como religiosos, ha reconocido una conexión peligrosa entre la clonación humana y estas históricas formas de injusticia. El racismo y otras formas similares de discriminación justifican la exclusión de grupos particulares de seres humanos de la comunidad política y moral basados en diferencias percibidas. Diferencias físicas y de otra clase entre los humanos se usan como marcas para la exclusión. Conceptos filosóficos e ideológicos son con frecuencia superpuestos dentro de esas diferencias para justificar la resultante exclusión y explotación.
Quienes rechazan el racismo y la discriminación (ya sea basada en raza, género, inhabilidad, clase, etc.) están de acuerdo en que el criterio moralmente relevante es la humanidad que todos compartimos. Como declaran los documentos de la fundación de Estados Unidos: "Todos los humanos [para corregir su lenguaje exclusivista] son creados iguales". Todos los humanos, en otras palabras, son de igual, incalculable, valor moral. El reconocimiento de la igualdad y la dignidad humanas se opone claramente a los cálculos utilitarios del valor y la dignidad del individuo. Crear una jerarquía de valores entre los humanos basada en diferencias físicas o habilidades, sostienen los que se oponen al racismo, es moralmente corrupto.
Y eso es lo que declaramos. Como sabemos, sin embargo, nuestras acciones y nuestras vidas con frecuencia contradicen nuestra retórica. El racismo está profundamente atrincherado no sólo en Estados Unidos sino globalmente. La dignidad e igualdad de los seres humanos es un ideal –una declaración que creemos ser verdad y una práctica que luchamos por hacer real. Para los católicos y para otros empeñados en ser coherentes con sus principios éticos, cualquier asalto sistemático contra vidas humanas inocentes devalúa aún más toda vida humana.
La retórica corriente que rodea el ESCR y la clonación de humanos tristemente se ajusta al clásico entendimiento del racismo. Algunos filósofos hasta han intentado presumir que los embriones humanos no deben considerarse ni humanos ni vivos. Esta distorsión intencional del lenguaje y del sentido común es tan transparente como perturbadora. Es el colmo de la deshumanización y la discriminación, una táctica usada principalmente para justificar la violencia (pensemos cómo deshumanizamos al enemigo en tiempos de odio y de guerra).
La mayoría de los que abogan por el ESCR y la clonación, sin embargo, no van tan lejos. La Comisión Nacional Consultora de Biotécnica (NBAC), en su reporte de 1999 en Ethical Issues in Human Stem Cell Research [Asuntos de ética en la investigación de células troncales humanas], mostró un amplio acuerdo en que "los embriones humanos merecen respeto como una forma de vida humana". Sin embargo, lo que dan con una mano, lo quitan con la otra. Después de reconocer que los embriones son, efectivamente, vidas humanas, proceden a recomendar que los embriones "sobrantes" pueden ser destruidos para investigaciones o para servir a otros. Dejan abierta la posibilidad de crear embriones, en el futuro, exclusivamente para investigación o mediante clonación. En efecto, la NBAC no sólo sanciona la sistemática destrucción de la vida humana sino que define una clase de seres humanos que es moralmente aceptable usar para nuestros propios propósitos. Los embriones no son el equivalente moral, admite NBAC, de una persona completamente desarrollada. No tienen el mismo valor o mérito porque carecen de ciertas características (racionalidad, conciencia, autonomía) o, como algunos arguyen, porque lucen diferentes a nosotros. No son, por lo tanto, miembros de la comunidad moral (lenguaje miedosamente similar al usado en la decisión de Dred Scott sobre la esclavitud).
La clonación para investigación lleva esta lógica a un paso más allá. Ahora no solamente el "desperdicio" o el "sobrante" de los embriones puede ser tratado, explotado y destruido en beneficio de la humanidad. Ahora los abogados están presionando fuertemente para crear una nueva clase de seres humanos cuya sola razón de existir sea para ser explotados por otros, y posiblemente, poseídos por otros.
Esto no solamente ofende a quienes trabajan diligentemente en defensa de la santidad y dignidad de la vida humana en todas sus formas. Igualmente horroriza a comentaristas seculares. Muchos que cabildearon arduamente en favor de ESCR objetaron la creación de embriones para investigación (ya sea mediante clonación o FIV). Las propuestas para clonar embriones para investigación cruzaría esa línea, representando la primera vez que intencionalmente crearíamos seres humanos con el solo propósito de usar sus partes. Charles Krauthammer, columnista sindicado y miembro del Concilio sobre Bioética del Presidente Bush, apoya el ESCR y no cree que los embriones son "personas". Sin embargo, él nota:
Hay una gran distancia entre el ser inviolable, por una parte, y el ser una mera "cosa" por otra. Muchos que abogan por las investigaciones sobre clones ven solamente la "cosa". Ese punto de vista justifica la más inhumana explotación del embrión. Los embriones son creados con la intención explícita de ser destruidos. La creación deliberada de embriones para destrucción eventual y segura significa el lanzamiento de una industria completa de fabricación de embriones. Significa la "rutinización", la comercialización, la materialización del embrión humano.Esto, él y muchos otros arguyen, va demasiado lejos. Del imperativo terapéutico al imperativo de tentar para engañar
Los abogados del ESCR y de la clonación humana son hábiles mercaderes. Ellos han aprendido de los adelantos en biotecnología en los pasados quince años—especialmente del Proyecto sobre el Genoma Humano y en el campo de la "terapia" de los genes—que el modo de superar la oposición pública a una nueva aventura altamente controversial es lanzar el lenguaje terapéutico. El lenguaje terapéutico funciona retóricamente como un argumento en sí mismo; no hay necesidad de presentar más argumentos. No habrá ninguna oposición. Pues ¿quién sino un bárbaro moral podría oponerse a una técnica que va a aliviar el dolor y el sufrimiento y a extender la vida de un enfermo, especialmente un niño enfermo?
Este "imperativo terapéutico" es problemático en varios aspectos. Excluye el debate público. Juega con la compasión del público estadounidense, haciéndolo emocionalmente en vez de racionalmente atractivo, manipulando la opinión y la política pública. Para los cristianos, aunque reducir el sufrimiento y aminorar las enfermedades que ponen la vida en peligro son mandatos importantes, debemos sospechar retóricas que hacen un ídolo de la salud y la curación, un fin en sí mismo hacia el cual todo lo demás se sacrifica. También es a veces engañoso. Como muchos científicos prominentes han notado, cualquier aplicación "terapéutica" del ESCR está posiblemente muy distante en el mejor de los casos. Muchos científicos prominentes admiten que la promesa terapéutica de las investigaciones con células troncales del embrión humano se ha exagerado. Esto es aún más real con la clonación, dada la preeliminaría naturaleza de este trabajo, la baja tasa de eficacia y la alta tasa de deformidad genética en animales clonados.
Este imperativo terapéutico es preocupante en este resbaloso terreno. Observemos el cambio en ímpetu del ESCR a la clonación. Mientras "terapia" y simple utilitarianismo controlen el debate, es imposible argüir en contra de cualquier paso subsiguiente que pretenda aplicarse a enfermedades e incapacidades humanas. Los promotores de la clonación y los eugenéticos futuristas ya anticipan híbridos humanos-animales, mutación intencional de cuerpos humanos para usar solamente como partes, desarrollo (intencional o por falta de recursos económicos) de subclases de seres humanos para servir como esclavos para los otros. Poco después del nacimiento de Dolly, algunos especulaban la posibilidad de un prospecto sombrío: crear clones humanos sin cabeza, que crecieran en vientres artificiales. Se dice que Lee Silver, biólogo molecular en Princeton y proponente de la clonación, dijo que no encontraba "nada malo" en eso.
Cito estos ejemplos, no porque quiera ser alarmista, sino porque los proponentes de la clonación los proclaman como nobles e inevitables resultados. Históricamente, las técnicas reproductivas y genéticas desarrolladas en animales han sido, en su mayoría, eventualmente usadas en humanos. Ya dicen los investigadores que han fundido DNA humano con óvulos de vacas y de conejos, para solventar el problema de la gran cantidad de óvulos humanos que la clonación requiere y que es difícil conseguir.
En adición, enfrentamos lo que podríamos llamar el problema de la "tentación para engañar terapéutica". Una vez conseguido el apoyo público y desarrolladas las técnicas, las nuevas tecnologías tienden a separarse del terreno terapéutico y a hacerse disponibles para propósitos decididamente no terapéuticos. Uno no tiene más que pensar en la tecnología para clasificar espermas en el plano microscópico "Microsort", desarrollada originalmente para ayudar a personas con desórdenes asociados con el cromosoma X pero inmediatamente ofrecida a quienes deseaban "balancear" el sexo de sus hijos. O el potencial de usar la terapia genética para tratar la calvicie, una posibilidad que fue anunciada en 1999 como un resultado fortuito de las investigaciones. O Botox —la toxina del botulismo que fue originalmente desarrollada para tratar espasmos de los ojos, pero fuera del uso designado se ha convertido en el tratamiento preferido entre los que buscan la cirugía cosmética, constituyendo el veintitrés por ciento de todas las cirugías cosméticas ejecutadas en Estados Unidos anualmente.
Si la "clonación terapéutica" avanza, ¿cómo garantizaríamos que los embriones fuesen creados y destruidos solamente en servicio del gran y noble bien de la terapia? ¿Qué "usos fuera del designado" podrían ocurrir en el sector privado? La historia de regulaciones gubernamentales inspira muy poca confianza en estos casos.
Por supuesto, el uso más importante de las investigaciones, "fuera del designado", sería la clonación reproductiva. Estos esfuerzos ya están en marcha. Investigadores en Estados Unidos, Italia y China dicen haber hecho progresos hacia la producción del primer infante clonado.
Aunque casi todo el mundo está de acuerdo en que la reproducción de clones debe ser prohibida, sería casi imposible poner en vigor tal prohibición si permitimos que clones de embriones humanos se usen para la investigación. Estos investigadores, y muchos especialistas en fertilidad, aceptan el argumento que la clonación es simplemente otra forma de ayuda a la reproducción. La Fundación de Clonación Humana argumenta que prohibir la clonación violaría el derecho humano y constitucional a reproducir en el modo que uno escoja, sin indebida interferencia del gobierno. Junto con el cuasi-religioso grupo pro-clonación Clonaid y el científico Richard Seed, esta fundación también considera la clonación como un camino a la inmortalidad.
Materialización y explotación
Intereses comerciales han controlado tanto la eugenesia como la esclavitud y son factores importantes en el cabildeo detrás del ESCR y de la clonación también. Como ha dicho el crítico cultural Cornel West en otro contexto: "el carácter mercantil que permea casi todas las esferas de la sociedad ... hace muy difícil ceñirse a valores fuera del mercado. ... Hace difícil para nosotros tomar en serio, no sólo el compromiso y el cuidado y el sacrificio, sino hasta la vida humana. Las ganancias vienen a ser mucho más importantes que la vida humana".
Según Patent Watch, una patente para la reproducción de clones humanos y cualquier "producto" creado por ese proceso, teóricamente, incluso embriones, fetos y niños, fue aprobada por la U.S. Patent and Trademark Office [Oficina de Patentes y Marcas Registradas de EE.UU.] en abril del 2001, y hay tres patentes adicionales sobre clonación de humanos pendientes. Tales patentes señalan la penúltima forma de discriminación —posesión y ganancias por un grupo de humanos sobre otro. Esto hace dudosa la afirmación de que los investigadores consideran los embriones como una forma de vida humana merecedora de respeto. La retórica es el lenguaje terapéutico, pero la realidad es la esperanza de un torrente de ganancias desmedidas.
Finalmente, además de los embriones en sí, serán los cuerpos de las mujeres los que llevarán la carga más pesada en el uso de estas técnicas porque sus óvulos se necesitan para los experimentos. La práctica de clonación aumentará la tendencia a pensar en nuestros cuerpos en términos mercantiles —pues los gametos requeridos serían comprados y vendidos, los embriones creados en esta forma serían "poseídos", y los productos derivados de ellos podrían venderse. Debemos también preguntarnos: ¿quiénes son las mujeres que se someterán a los requerimientos para vender sus gametos, para hacer embriones solamente para experimentos? Eufemísticamente llamadas "donantes" de huevos, a estas mujeres se les pagará. El proceso, sin embargo, es bien engorroso y conlleva riesgos médicos. ¿Quiénes serán las mujeres seleccionadas por los mercaderes investigadores que necesitan huevos? ¿En qué comunidades encontraremos los anuncios "Donadoras de huevos. Excelente compensación"? Si la historia es una indicación, uno puede razonablemente apostar que serán los cuerpos de las mujeres de color pobres —en Estados Unidos y en el extranjero— las que cargarán el peso de repetidos ciclos de inyecciones de hormonas, cirugías para obtener los huevos y los desconocidos riesgos que acarrean las elevadas dosis de hormonas fertilizantes. Y, ¿quién llevará la carga si el experimento produce fruto y hay de repente "necesidad" de producir grandes cantidades de embriones para suplir tejidos para pacientes? Las feministas que apoyan el ESCR y el "derecho al aborto" se han declarado en contra de la clonación para fines investigativos, en parte porque requeriría miles, o tal vez millones, de huevos humanos. Como mínimo, crear un clon requiere un ovocito. Pero, dada la enorme tasa de fracasos y el alto porcentaje de deformidades entre clones, docenas, si no cientos de ovocitos serán necesarios para producir una línea de células que sirva. Alcanzar la "promesa" terapéutica de la clonación requiere cientos de millones de huevos. Como fueron explotadas las mujeres afroamericanas bajo la esclavitud por su potencial reproductivo para servir de combustible a la maquinaria económica de Estados Unidos, de nuevo encontramos el potencial para la grave explotación de mujeres de color pobres, para beneficio de los estadounidenses ricos.
Las ovejas de su rebaño
Al final, el prospecto de clonación humana nos urge a recordar que no somos ni nuestros propios creadores ni nuestro propio destino. Ni somos los creadores, ni los dueños, ni el destino de otros. La arrogancia puede conducir a convertir a algunos en "ovejas" de otros mediante la clonación, a crear una categoría de subhumanos —explotados, esclavizados, y destruidos para la conveniencia y la ganancia de unos pocos. Pero los cristianos debemos recordar que las diferencias que son parte de la maravilla de la creación no borran nuestra esencial igualdad ante Dios. Todos somos ovejas de su rebaño. La forma en que tratemos al último, al más vulnerable, al que no tiene voz entre nosotros es la medida no de su humanidad sino de la nuestra. Porque lo que hacemos a ellos, lo hacemos a él.
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Dr. Lysaught es profesora asociada del Departamento de Estudios Religiosos, Universidad de Dayton. Traducción; Dr. Marina A. Herrera, Bethesda, MD.
Copyright © 2002, United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C. Derechos reservados.
Recursos
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Declaración sobre la producción y uso científico y
terapéutico de las células estaminales embrionarias humanas.
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Libros
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Kristol, William and Cohen, Eric
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www.ncbcenter.org (Nat'l Catholic Bioethics Center)
www.nrlc.org (Nat'l Right to Life Committee)
www.stemcellresearch.org (Coalition of Americans for Research Ethics)
www.usccb.org/prolife (U.S. Conference of Catholic Bishops' Secretariat for Pro-Life Activities)

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