Testigos de la luz
Tom Grenchik
7 de enero de 2011
Entre las alegrías de Navidad y Año Nuevo, la Iglesia nos ofrece un recordatorio del sufrimiento que puede causar el temor.
El 28 de diciembre, la Iglesia celebró la fiesta de los Santos Inocentes. A estos niños pequeños se los honra como los primeros mártires por Cristo, testigos de la Luz. La lectura del Evangelio del día nos recuerda la furia del Rey Herodes cuando se dio cuenta de que los Magos lo habían engañado. “Fijándose en la fecha que ellos le habían dicho, ordenó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores” (Mateo 2,16).
Herodes estaba motivado por un intenso temor y desesperación, que lo llevaron a destruir a otras personas con el fin de preservar su puesto y proteger su trono. Tan a menudo hoy día el miedo motiva decisiones terribles, aumentando la cultura de la muerte en la que nos encontramos. Nuestra cultura tiende a despreciar la esperanza mientras sobreenfatiza cada temor al punto en que se ve a la muerte como la respuesta a muchas luchas humanas difíciles.
Se promueve la muerte como la respuesta a un embarazo difícil. La muerte es por lo general la respuesta a un niño por nacer imperfecto o un recién nacido de mala salud. La muerte es una solución aceptada para las personas que están enfermas, ancianas, discapacitadas, no queridas o abandonadas. Se legitima la muerte para los que están en prisión; y se recomienda una muerte acelerada para quienes están cerca del final de la vida, e incluso para los que están simplemente deprimidos.
Pero como la lectura de la fiesta nos recuerda: “Este es el mensaje que hemos recibido de él y que les anunciamos a ustedes: que Dios es luz y que en él no hay tinieblas” (1 Juan 1,5). Mientras Dios vino al mundo para vencer las tinieblas del pecado y de la muerte, cada uno de nosotros debe elegir diariamente confiar en su providencia y caminar en la luz. Y tenemos una profunda obligación de ayudar a los demás a ver esa luz cuando todo lo que se imaginan son tinieblas.
El miedo puede vencer a una madre abandonada que enfrenta un embarazo en crisis. Los padres que esperan un niño con un grave problema de salud pueden estar aterrados por lo que su hijo tenga que soportar. Los pacientes que enfrentan una enfermedad debilitante pueden temer perder todo el control. Los que están cerca de la muerte pueden temer ser una carga para sus seres queridos. En todo caso, nosotros como cristianos estamos llamados a ayudar a quienes tienen miedo a salir a la luz. Nuestras palabras, oraciones, sacrificios y acciones pueden dar gran valor y seguridad a quienes de otro modo se convertirían en víctimas de la cultura de la muerte.
En este tiempo del año cuando muchos de nosotros decidimos mejorar nuestro comportamiento, en oración consideremos de qué manera podríamos en forma personal acercarnos a los que están a nuestro alrededor vencidos por el miedo. Conlleva un sacrificio cuidar a los moribundos, atender a los enfermos, y ofrecer esperanza a una adolescente embarazada asustada. Conlleva sacrificio orar fuera de un centro de abortos, visitar a los presos, y ayudar a un familiar que cuida a un ser querido con una discapacidad. Dejémonos inspirar por el ejemplo de tantos cristianos durante siglos, que decidieron dejar su comodidad, su sustento, y a veces su propia vida, para ser testigo de la Luz para los demás.

![[home]](/prolife/images/usccb_logo.gif)