La dignidad de la persona
Kimberly Baker
19 de febrero de 2010
En una reunión el 13 de febrero con miembros de la Pontificia Academia para la Vida, el Santo Padre Benedicto XVI dijo: “Las cuestiones de bioética ponen a menudo en primer plano la referencia a la dignidad de la persona”. La atención de la Iglesia a la bioética se ajusta al ritmo de los constantes avances de la ciencia médica. Un documento clave del Vaticano sobre cuestiones de bioética es Dignitas personae (La dignidad de la persona). Emitido en 2008 por la Congregación para la Doctrina de la Fe, Dignitas personae es una continuación fundamental de su predecesor, Donum vitae (El don de la vida), de 1987.
Dignitas personae estudia los nuevos asuntos que se han planteado en el área de la tecnología reproductiva en los últimos veinte años. La primera parte analiza los aspectos antropológicos, teológicos y éticos de la vida y la procreación humana. La segunda aborda problemas nuevos relativos a la procreación; analiza las técnicas de ayuda a la fertilidad, el problema de la fecundación in vitro, y el trato que se da a los embriones en este tipo de procedimientos. La tercera y última sección analiza los nuevos tratamientos que comportan la manipulación del embrión o del material genético humano: la terapia genética, la clonación humana, el uso terapéutico de las células troncales, los híbridos humano-animal y la utilización de “material biológico” humano de origen ilícito.
A medida que los avances médicos se vuelven más complejos, surgen preguntas importantes acerca de sus beneficios para la condición humana y, en especial, su respeto por la dignidad humana. Si faltan estos dos elementos, los avances de este tipo no pueden ser considerados como verdadero progreso científico.
Ejemplo de un esfuerzo reciente que fracasa en ambos aspectos es la investigación sobre células troncales embrionarias. No respeta la dignidad humana porque implica la destrucción de miles de seres humanos inocentes en la etapa embrionaria, durante la recolección de estas células troncales. Por el momento no ha producido beneficios tangibles porque no es posible lograr la diferenciación uniforme de las células troncales embrionarias para transformarlas en un único tipo de célula o tejido; porque tienen una alta probabilidad de ser rechazadas después del trasplante; y porque a menudo causan tumores en las mismas zonas que debían curar. Todavía no se ha publicado un solo tratamiento exitoso en seres humanos que utilice células troncales embrionarias.
En cambio, la investigación sobre las células troncales adultas es aceptable moralmente y a la vez exitosa en lo médico. No hay destrucción de embriones humanos porque se extraen estas células de seres humanos ya nacidos y de otras fuentes legítimas, tales como los cordones umbilicales y las placentas. Las células troncales adultas se diferencian con facilidad para formar células o tejidos específicos, no causan rechazo del trasplante (especialmente cuando los pacientes reciben células troncales de sus propias células y tejidos) y no causan tumores. Gracias a la investigación sobre las células troncales adultas, se han logrado beneficios documentados en ensayos clínicos para unas 80 enfermedades, que incluyen la esclerosis múltiple, la cardiopatía, la diabetes y varios tipos de cáncer.
Las enseñanzas de la Iglesia confirman que toda la investigación médica no debería ser solo por fines utilitarios o intereses especiales, sino estar al servicio de la humanidad de acuerdo con la dignidad humana. Invertir este noble ideal, colocar a la persona humana al servicio de los avances médicos, es erosionar de forma paulatina la dignidad de la persona y preparar el camino para una sociedad deshumanizada que utiliza a las personas como objetos para obtener ganancias personales.
Para más información acerca de Dignitas personae, visite: www.usccb.org/comm/Dignitaspersonae/index.shtml
Kimberly Baker es asistente ejecutiva del Secretariado de Actividades Pro Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. Para obtener más información acerca de las actividades pro vida de los obispos, visite www.usccb.org/prolife.

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