Foro Asuntos de Vida

Con moretones pero no rotos
Deirdre A. McQuade

31 de marzo de 2010

El movimiento pro vida recientemente sufrió un revés desalentador durante los esfuerzos por proporcionar servicios médicos que apoyan la vida a millones de estadounidenses sin seguro. Los obispos católicos y otros lucharon incansablemente durante muchos meses para retener los derechos de conciencia y la prohibición, aceptada hace mucho tiempo, de usar fondos federales para financiar abortos electivos. La ley final sobre la reforma del sistema de salud que apenas fue aprobada y a la que los obispos se oponían enérgicamente, no cumple con esos requisitos de amplia aceptación y moralmente fundamentales.

Si no se modifica, la ley, por primera vez en más de 30 años, subvencionará abortos durante los nueve meses de embarazo, por cualquier motivo, y obligará a los estadounidenses a ser cómplices en el asesinato directo de vida inocente. Muchas personas que a conciencia se oponen al aborto se verán obligadas a pagar el aborto de otros mediante las primas de su seguro o los impuestos.

Ninguno de los beneficios que hay en la nueva ley nunca podrá justificar el mal moral de facilitar la destrucción de la “preciosa” vida humana. No “preciosa” en un sentido poético y sentimental como en las populares figuras de la serie “Momentos Preciosos”, y no “preciosa” como obras de arte que se venden por gran cantidad de dinero, sino “preciosa” en el sentido supremo: que tiene tal valor inestimable que no puede ponerse en una escala ni intercambiarse por otros bienes, incluso otros bienes que honren la dignidad de la persona humana. Dios crea a los seres humanos para que vivan eternamente y por eso no se nos puede ni debe poner en una escala de costo-beneficio. La destrucción intencional de vida humana inocente en su fase más indefensa nunca, en ninguna circunstancia, puede justificarse.

El debate sobre la mejor manera de mejorar y expandir los servicios de atención médica a todos nunca debería haber girado sobre el tema del financiamiento del aborto. El aborto no es atención médica, porque asesinar no es sanar. La inclusión del aborto fue un obstáculo enorme y fundamentalmente trágico para la reforma auténtica que honraría todos los principios de la doctrina social católica.

Los obispos repetidamente pidieron una reforma con principios que pusiera en primer lugar las necesidades de los pobres y de los niños por nacer. Al comentar sobre la propuesta, Francis Cardenal George, como presidente de la Conferencia de Obispos Católicos, denominó el financiamiento al aborto como "un precio demasiado alto" para una reforma muy necesaria. Los fieles católicos y nuestros amigos que son pro vida estuvieron de acuerdo. Desde que comenzó el debate, más de un millón de correos electrónicos se enviaron al Congreso a través de www.usccb.org/action solo. Desafortunadamente, a pesar de nuestras oraciones, innumerables llamados, faxes y cartas, quienes están en el poder no prestaron atención a nuestras voces.

¿Qué hacemos ahora? Como movimiento, tenemos moretones, pero no estamos rotos. Nuestra esperanza en la Resurrección es real mientras buscamos la gracias de reagruparnos y unirnos en esfuerzos para proteger toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Trabajaremos para arreglar los graves problemas en la nueva ley de atención de la salud. Se debe defender la Enmienda Hyde, que prohíbe la financiación de abortos con fondos federales a través del proceso de asignación. Los estados también están investigando legislación para excluir el aborto de la nueva cobertura de salud dentro de sus fronteras.

Las tasas de aborto suben cuando el gobierno financia abortos. Por lo tanto, tenemos que redoblar el trabajo para reducir la cantidad de abortos, ayudar a las embarazadas a que se sientan libres de escoger la vida, educar al público sobre las consecuencias físicas y emocionales del aborto y compartir la misericordia de Dios con esos hombres y mujeres que en el pasado participaron en un aborto. Finalmente, debemos volver a comprometernos a rezar por nuestra nación, para que los que están un cargo de autoridad utilicen su poder para defender a los indefensos: niños por nacer y los vulnerables en cualquier etapa de la vida.


Deirdre A. McQuade es Subdirectora de Política y Comunicaciones en el Secretariado de Actividades Pro Vida, Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.  Para más información sobre las actividades pro-vida de los obispos, visite www.usccb.org/prolife.



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