Richard M. Doerflinger
12 de junio de 2009
El asesinato sin sentido de George Tiller, –médico de Kansas que practicaba abortos– supuestamente por un enfermo mental con vinculaciones a una milicia extremista, ha despertado muchos comentarios.
Los católicos y otros grupos pro vida condenaron el asesinato inmediatamente. }En nombre de la conferencia de obispos católicos de los EE. UU., el Cardenal Justin Rigali dijo que “un asesinato como este va en contra de todo lo que nosotros defendemos y de aquello que queremos que nuestra cultura defienda, esto es, el respeto por la vida de cada ser humano desde su concepción hasta su muerte natural”. Ofreció oraciones por el Dr. Tiller y por su familia. Lo mismo hizo el Arzobispo Joseph Naumann de Kansas City, quien dijo que: “Asesinar a quienes practican abortos acrecienta la cultura de la muerte, porque acepta su premisa de que los problemas se resuelven mediante la destrucción de vidas humanas en lugar de ser por el respeto a la verdad de que todo ser humano está hecho a imagen de Dios”.
Sufrieron un revés en recientes encuestas de opinión, en las que la mayoría de los estadounidenses dicen ser “pro vida” y estar a favor de importantes limitaciones al aborto. Estos defensores ven la oportunidad de explotar la trágica muerte del Dr. Tiller como una forma de desacreditar a los estadounidenses pro vida y recuperar el terreno perdido.
Una táctica es acusar al movimiento pro vida de que incitan a la gente a la violencia por medio de su “retórica” sobre el aborto. }Según ellos, cuando los partidarios del movimiento pro vida dicen que el aborto es una forma de violencia, o incluso un homicidio, esto invita a otros a atacar a quienes practican abortos.
Pero para disgustarnos porque se califica a algo de ser un asesinato, primero es necesario que nos repugne el asesinato. Para el alma equivocada que decide que el asesinato es aceptable a veces, esa palabra ha perdido en buena medida su fuerza repulsiva.
Los propios defensores del aborto, cuando no están usando “retórica” sino que hablan con franqueza, han usado las mismas palabras que las personas pro vida para describir el aborto. Antes de que Planned Parenthood se volviera una inmensa red de proveedores de abortos, sus materiales educativos decían: “El aborto mata al bebé después del comienzo de la vida”. El Dr. Warren Hern, que ahora está entre quienes condenan la “retórica violenta” de los partidarios del movimiento pro vida, ha dicho con respecto al método de aborto en las fases avanzadas del embarazo usado por él y el Dr. Tiller, que sus colaboradores “están teniendo graves dudas sobre su participación en una operación que perciben como destructiva y violenta... }Hemos llegado a un punto de esta tecnología en particular, en que no se puede negar que el operador lleva a cabo un acto de destrucción”. Los hechos son los hechos.
Algunos comentaristas pro aborto han llegado a desafiar a los partidarios del movimiento pro vida a que tomen las armas. “Si el aborto es lo que ustedes dicen que es, deberían estar matando a los que practican abortos”, sostienen. “Si no lo están haciendo es porque no creen realmente que un feto sea una persona”. En realidad, no es así: demuestra que rechazamos el supuesto de que el fin justifica cualquier medio violento. Un defensor del aborto que lanzó esta provocación, el profesional de la bioética Jacob Appel, escribió hace poco que los médicos holandeses no deberían requerir el consentimiento de los padres antes de dar inyecciones letales a los recién nacidos discapacitados. Su propia lógica lo ha llevado a justificar el asesinato médico de los nacidos además de los no nacidos, lo que resulta un claro ejemplo para quienes se sienten tentados a aceptar un poco el asesinato.
Los defensores del aborto quieren representar el movimiento pro vida como violento, e incluso es posible que algunos quieran que lo sea. Esto es una trampa, por supuesto, un ataque a la razón de existir del movimiento. Dodging the trap requires nothing more than continuing to be who we are, the people who hold all human life sacred.|Para esquivar esta trampa solo debemos seguir siendo quienes somos: la gente que sostiene que toda vida humana es sagrada.El señor Richard Doerflinger es el subdirector del Secretariado de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Para más información acerca de las actividades pro vida de los obispos visite www.usccb.org/prolife.