Mary E. McClusky
10 de julio de 2009
¿Cuál es la respuesta a los problemas socioeconómicos que enfrenta hoy la humanidad? En su tercera encíclica, “Caridad en la verdad” (Caritas in veritate), el Santo Padre dice que la respuesta es la caridad que se practica a la luz de la verdad. La nueva encíclica, publicada el 7 de julio , se centra en la delicada relación entre el compartir bienes y recursos, y la vitalidad de la economía y el desarrollo, al tiempo que reafirma que el correcto “desarrollo de los pueblos” en una sociedad cada vez más globalizada exige un compromiso con la justicia y el bien común. Estudia a fondo todos los problemas que se plantean hoy al debido desarrollo de la persona en la sociedad, pero también brinda a toda persona de buena voluntad una visión moral con la cual avanzar. “Caridad en la verdad” también contiene abundantes reflexiones sobre asuntos como el aborto, la anticoncepción, la bioética, y el matrimonio y la familia, y nos muestra la forma en que estos se vinculan con los temas principales del documento. Algunos puntos destacados son: (la itálica es del documento).
“Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental”. (51)
“La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesarias para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social”. (28)
A la plaga difusa, trágica, del aborto, podría añadirse en el futuro, aunque ya subrepticiamente in nuce, una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos. Por otro lado, se va abriendo paso una mens eutanasica, manifestación no menos abusiva del dominio sobre la vida, que en ciertas condiciones ya no se considera digna de ser vivida. …¿Cómo podemos extrañarnos de la indiferencia ante tantas situaciones humanas degradantes, si la indiferencia caracteriza nuestra actitud ante lo que es humano y lo que no lo es? (75)
“Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida”. (28)
“La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias también al gran número y a la capacidad de sus habitantes”. (44)
El Santo Padre describe entonces los efectos económicos negativos de la disminución del índice de natalidad en muchos países desarrollados, y hace un llamado para que se establezcan políticas que promuevan la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer. Concluye recordándonos: “El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual” (76). El amor lleno de verdad es un don de Dios, y se nos alienta a volvernos hacia Él en oración y aceptar ese don, para poder compartirlo gozosamente con otros y trabajar juntos por el respeto de cada vida humana y su desarrollo auténtico.
Para leer “Caritas in veritate”, visite
Para más de USCCB sobre “Caridad en la verdad”, visite www.usccb.org/comm/archives/2009/09-154sp.shtml
Mary McClusky es Coordinadora de Proyectos Especiales del Secretariado de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. Para más información acerca de las actividades pro vida de los obispos, visite www.usccb.org/prolife.