Foro Asuntos de Vida

“El matrimonio: una comunidad de amor y de vida
Theresa Notare

6 de agosto de 2010

¿Por qué la Iglesia enseña que el matrimonio es una comunidad de amor y vida? Pensémoslo, el amor y la vida están profundamente entrelazados en la naturaleza humana. La naturaleza humana está hecha para ser social, para recibir el amor de los demás y para tender una mano en el amor a los demás. La forma más profunda de la autoentrega es el amor, y el amor da vida. Este “hecho de la vida” proviene de Dios mismo.

La Sagrada Escritura revela que Dios es amor, que el mundo fue creado por Su amor y que el hombre y la mujer fueron creados a imagen de Dios (Gn 1,1-27). La Trinidad es una comunión de tres personas que se aman, y por lo tanto, ser hechos a imagen de Dios significa que todos los hombres y mujeres están llamados a formar relaciones amorosas, “comuniones de personas”. Y también por eso la Iglesia enseña que Dios ha dado a todos Sus hijos una vocación para amar al igual que Él. Es un llamado universal a la santidad.

Estas enseñanzas fundamentales adquieren un carácter único en el matrimonio. El matrimonio es una clase única de comunión de personas porque Dios lo creó para unir a un hombre y a una mujer el uno al otro de manera completa: cuerpo, mente y alma. En otras palabras, el matrimonio es la unión “como una sola carne” que Dios creó para dar amor y vida. ¡Este es el propósito perfecto del matrimonio!

En el matrimonio, el esposo y la esposa mantienen su individualidad como personas, pero como cónyuges viven más allá de una existencia uno al lado del otro. Más bien, los cónyuges existen “mutuamente el uno para el otro”. Es precisamente debido al carácter único del amor marital que el “esposo y la esposa sirven como símbolo tanto de vida como de amor de una manera que no puede lograr ninguna otra relación de personas” (El matrimonio. El amor y la vida en el plan divino, p. 11). El esposo y la esposa están “como consagrados” en un ministerio sagrado en servicio del amor y la vida (ver Gaudium et spes, 48). Como administradores de estos dones, los esposos tienen la responsabilidad de alimentar el amor conyugal y su potencial de dar vida.

Respetar y alimentar la comunión conyugal de personas debe ocupar el primer lugar en la mente de esposos y esposas. Juntos, los esposos tienen que estar atentos a las cosas que pueden romper su unión: especialmente el orgullo, el egoísmo, la desconfianza, la falta de amabilidad y la incapacidad de perdonar. Agreguemos a esta lista, el uso de la pornografía y los anticonceptivos que la cultura popular tristemente ha aceptado como “normal”. No lo son. Envenenan el mismo don de la sexualidad humana porque distorsionan la generosidad mutua y el respeto en el seno de un amor semejante al de Dios.

Entre las cosas buenas que apoyarán y fortalecerán su matrimonio, los esposos deben abrazar la virtud de la castidad. Sí; la castidad, la castidad matrimonial, es una virtud esencial para alimentar y respetar el plan de Dios para el matrimonio.

La castidad “se refiere a la integración armoniosa de pensamientos, sentimientos y deseos sexuales” en la vida de una persona (ver El matrimonio: El amor y la vida en el plan divino, p. 48). La castidad promueve la madurez sexual. En el matrimonio, permite a los esposos amarse de manera mutua y desinteresada. También permite a los esposos trabajar con Dios en la correcta planificación de Su voluntad para su familia. La castidad es una virtud que fortalece la comunión conyugal de personas: una comunión de amor que es total, fiel, exclusivo y fecundo. (ver Humanae vitae, 9). De la mano el uno con el otro y con el Señor Dios, este es el noble llamado que el esposo y la esposa abrazan en el matrimonio, una verdadera comunidad de amor y vida.


Theresa Notare, PhD, es subdirectora del Programa de Planificación Familiar Natural, Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.