“Servicios preventivos” que conllevan un costo humano alto
Por Susan E. Wills
17 de septiembre de 2010
Planned Parenthood está organizando un esfuerzo nacional para que se incluyan los anticonceptivos entre los “servicios preventivos” gratuitos que los planes de salud deben proporcionar según la nueva ley de reforma al sistema de salud (Comunicado de prensa, 14 de julio de 2010).
Por lo general los servicios preventivos incluyen vacunas, pruebas, análisis, etc. que se ofrecen con riesgo mínimo a los pacientes para prevenir, o al menos detectar y proporcionar una advertencia temprana de enfermedades graves y afecciones que ponen en riesgo la vida. Ejemplos comunes: control de la presión sanguínea y del colesterol para detectar hipertensión, mamogramas para el cáncer de mama, prueba de papanicolau para el cáncer cervical y vacunas para prevenir la transmisión de enfermedades contagiosas.
Pero los anticonceptivos recetados no previenen ni detectan ninguna enfermedad. Su función es impedir el normal funcionamiento de un sistema reproductivo sano. Evitan que una persona sea concebida o nazca.
Además, lejos de prevenir enfermedades, el uso de anticonceptivos está asociado con muchos efectos colaterales dañinos y realmente aumenta el riesgo de adquirir ciertas enfermedades.
La Organización Mundial de la Salud enumera el estrógeno como cancerígeno. El estrógeno se utiliza en anticonceptivos orales combinados (por ej.: la píldora, el parche, el anillo vaginal) y en la terapia de reemplazo hormonal (TRH) para la menopausia. Las tasas de cáncer de mama en EE. UU. se han elevado debido a que la cantidad de mujeres que realizan TRH aumentaron desde el inicio de la década de 1980 a 2002, cuando la prueba de la Women’s Health Initiative [Iniciativa de Salud para las Mujeres] se detuvo después de encontrar riesgos elevados de cáncer de mama y derrame cerebral. Entre 2003 y 2006, cuando el uso de TRH disminuyó de manera considerable, ¡las tasas de cáncer de mama en EE. UU. cayeron de manera significativa un 18 por ciento!
El cáncer no es el único problema. Contraceptive Technology cita numerosos estudios en los cuales el estrógeno de los anticonceptivos se ha asociado con un aumento en el riesgo de ataques cardíacos, coágulos sanguíneos e hipertensión.
Los anticonceptivos de únicamente progestina —minipíldoras, inyecciones e implantes— han sido asociados con problemas en el ciclo menstrual, “aumento excesivo de peso”, caída del pelo y depresión. Se ha descubierto que el anticonceptivo inyectable Depo-Provera considerablemente disminuye la densidad mineral en los huesos.
Los anticonceptivos hormonales no ofrecen protección alguna contra las infecciones y enfermedades de transmisión sexual (ETS). Solo en EE. UU., hay más de 19 millones de nuevos casos de ETS anualmente (la mitad entre personas de 25 años o menos), y más de 60 millones de personas actualmente están infectadas con una ETS. El total sigue en aumento porque no hay cura para las ETS virales —como el VIH/ SIDA, herpes genital y cepas del papilomavirus humano (HPV) que causan verrugas genitales, como también otras cepas responsables del 99% de casos de cáncer cervical.
También se cree que los anticonceptivos hormonales aumentan el riesgo de que una mujer se infecte con el VIH (duplicando el riesgo de VIH en un estudio de 10 años), clamidia y otras ETS debido a sus efectos dañinos en la cuello y la pared del útero.
Además de que su uso es inmoral, y teniendo en cuenta los riesgos de salud arriba mencionados, los anticonceptivos no funcionan muy bien. El cincuenta y cuatro por ciento de las mujeres de EE. UU. que buscan abortar utilizaban anticonceptivos el mes que quedaron embarazadas. La supuesta eficacia del uso del condón en prevenir la transmisión de ETS ha demostrado en estudios ser completamente contrarrestada por la autocomplacencia y la “compensación del riesgo” (más compañeros casuales, menos cuidado en el uso).
Planned Parenthood es plenamente consciente de estos riesgos elevados, sin embargo, quiere cobertura obligatoria de anticonceptivos para todos, tal vez para que las mujeres terminen teniendo que usar sus otros servicios: “anticoncepción” de emergencia, pruebas y tratamiento de ETS, mamogramas y pruebas de PAP, pruebas de embarazo y abortos. Eso no es motivo para que el gobierno federal nos obligue a todos nosotros a comprar esa cobertura. ¿No es más sabio y saludable evitar estos riesgos respetando la propia dignidad de la persona y la dignidad del matrimonio?
Susan Wills es directora adjunta para Educación y Difusión en el Secretariado de Actividades Pro-Vida de la USCCB. Para más información sobre anticonceptivos, visite www.usccb.org/prolife/issues/contraception.