Foro Asuntos de Vida

La violencia engendra violencia
Deirdre A. McQuade

18 de septiembre de 2009


La semana pasada, James Pouillon fue asesinado a balazos mientras protestaba contra el aborto en la vecindad de una escuela secundaria en Owosso, Michigan. Según los reportes recibidos, el sospechoso que está bajo custodia, Harlan James Drake, admitió a la policía que un rato antes esa mañana, él había asesinado también a Mike Fuoss, y que tenía planes de asesinar a un tercero a quien le guardaba rencor, pero fue arrestado antes de alcanzar a su proyectada tercera víctima.

La violencia no terminó con su arresto. La Prensa Asociada informa que Mr. Drake fue hospitalizado el sábado en la noche después de que atentara contra su propia vida en la cárcel del condado. Y eso no es todo. Algunos individuos furiosos están pidiendo la pena capital para él, otro acto de violencia.

Los manifestantes pro vida no son ajenos a ser acosados físicamente y hasta recibir amenazas de muerte, pero este es el primer caso del asesinato de uno de ellos. La policía que apresó al sospechoso informó que Drake apuntó contra Pouillon porque no le gustaba la pancarta que describía el aborto como algo horrendo. En un lado, la pancarta decía: “VIDA” acompañada de la preciosa imagen de un bebé sonriente, y del otro lado decía: “ABORTO” escrito sobre la horrenda foto de los restos sangrientos de un bebé abortado.

El asesinato de James Pouillon es censurable. No importa lo que alguien piense sobre el uso apropiado de tales imágenes –y aún hay una gama de opiniones entre el movimiento pro vida– ciertamente nadie merece ser asesinado porque habla contra el horror del aborto. La foto en su pancarta era horrenda porque el aborto es horrendo, pero un testimonio, aunque fuera brutalmente verdadero, no es motivo para que se convirtiera en víctima de tal hostilidad criminal.

La imagen de la pancarta era una de violencia –una forma extrema de violencia contra niños vulnerables, indefensos, e inocentes en el vientre. Que el acto violento del aborto –y la aparentemente difícil controversia que la rodea, se asocia a veces, con más violencia no es, lamentablemente accidental. En verdad, en su Plan Pastoral para las Actividades Pro-Vida (2001), los obispos de los Estados Unidos notan que la legalización del aborto nos ha convertido “en una sociedad cada vez más insensibilizada por tolerar y aceptar actos que deliberadamente destruyen la vida humana”. Nuestros obispos destacan la interdependencia de todos los asuntos relacionados con la vida al declarar: “una sociedad que destruye la vida humana por medio del aborto y bajo el manto de la ley, ineludiblemente socava el respeto a la vida en todos los demás contextos”. Con menos respeto por la vida humana, y una insensibilidad hacia los asesinatos, se ha preparado el camino para más y más violencia.

Pero la violencia del aborto no es necesaria. Se puede detener. Cientos de centros para los cuidados a embarazadas y redes parroquiales están listas para ayudar a las familias que se sienten tentadas a recurrir al aborto. Aquellos que realizan o promueven los abortos se pueden arrepentir y comenzar a usar sus talentos en el servicio de la vida en vez de su destrucción. Y por la gracia de Dios que está patente en el Proyecto Raquel, el ministerio de la Iglesia y sus compasivos consejeros, hombres y mujeres pueden recibir sanación de abortos pasados. La Conferencia de Obispos Católicos y docenas de otros grupos que constituyen el amplio movimiento pro vida en los Estados Unidos están luchando para que pronto llegue el día cuando el aborto no tenga la sanción de la ley.

Durante este temporada de otoño, considere rezar con sus familiares y amigos para poner fin al aborto y a todas las formas de violencia.

Deirdre A. McQuade es Asistente al Director para Policy & Communications en el Secretariado de Actividades Pro Vida de la U.S. Conference of Catholic Bishops. Visite www.usccb.org/prolife para aprender más sobre las actividades pro vida de los obispos.

Email us at prolife@usccb.org
Pro-Life Activities | 3211 4th Street, N.E., Washington DC 20017-1194 | (202) 541-3000 © USCCB. All rights reserved.



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