Life Issues Forum

¿Las personas como contaminación?
Mary McClusky

23 de diciembre de 2009

 

Los pesticidas, los derrames de petróleo, la basura: todos estamos de acuerdo en que contaminan el medio ambiente. Pero,… ¿los bebés? Desde hace mucho tiempo los grupos ambientalistas sostienen que el crecimiento de la población produce numerosos problemas medioambientales, pero muchos de estos grupos siempre han evitado la controvertida solución de fomentar el control de la natalidad. Últimamente, sin embargo, un grupo ambientalista nuevo y descarado ha empezado a promover con insistencia el control de la natalidad como la forma más eficiente y eficaz de revertir la degradación de los recursos naturales, la contaminación del agua y el aire, y hasta el “calentamiento” global. Ven a las personas como amenazas al medio ambiente en lugar de como guardianes de la creación.

Una escritora del Financial Post de Canadá ha sido aplaudida por su sinceridad en reclamar “una ley mundial, semejante a la política de un solo hijo de la China, [como] la única forma de revertir la desastrosa tasa global de natalidad” y así “impedir la destrucción de las demás especies del mundo, la vegetación, los recursos, los océanos, la tierra cultivable, las reservas de agua y la atmósfera”.

En un momento anterior del año, el London School of Economics publicó un artículo en el que se señalaba que, al respirar, los seres humanos emiten un promedio de 2.3 libras (un kilo, más o menos) de dióxido de carbono cada día. Los autores sostienen que la forma más eficiente de reducir el calentamiento global es lograr que la “planificación familiar” sea más accesible para todos en el mundo en desarrollo. Entre los promotores del control de la natalidad, la planificación familiar puede significar anticoncepción forzada, esterilización obligatoria y hasta abortos forzados.

Los estadísticos de Oregon State University han calculado que “el legado del carbono y el impacto de los gases de efecto invernadero de un niño más es casi 20 veces más importante que algunas de las otras prácticas protectoras del medio ambiente que la gente podría emplear durante el curso de toda su vida –cosas tales como tener un auto de consumo eficiente de combustible, reciclar o usar electrodomésticos o bombillas de bajo consumo energético”. Alientan a los estadounidenses a tener en cuenta el impacto global de un “niño adicional”, que estiman sea cinco veces mayor que el impacto de un niño nacido en la China porque los estadounidenses viven más tiempo y tienen un estándar de vida más elevado. Lo que según ellos agrava el problema es que el niño estadounidense “adicional”  —que deberíamos reconsiderar antes de tener— probablemente engendre más de un futuro emisor de dióxido de carbono (lo que también se conoce como nietos).

Cuando los economistas y los estadísticos recomiendan eliminar personas para salvar la tierra que habitan, ponen al descubierto su preocupante orden de prioridades y su confusa forma de pensar. Felizmente, las enseñanzas sociales y morales de la Iglesia Católica nos ofrecen una visión clara que seguir. El Papa Benedicto habló de esto en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz (1º de enero de 2010):

“Los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás” (Nº. 12). La responsabilidad ecológica debe “salvaguard[ar] una auténtica ‘ecología humana’ y, por tanto, afirm[ar] con renovada convicción la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases, y en cualquier condición en que se encuentre, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia, en la cual se educa en el amor al prójimo y el respeto por la naturaleza” (Nº 12).

Por tanto, el Santo Padre aboga para “que se adopt[e] un modelo de desarrollo basado en el papel central del ser humano, en la promoción y participación en el bien común, en la responsabilidad, en la toma de conciencia de la necesidad de cambiar el estilo de vida y en la prudencia…” (Nº 9).

En tanto buscamos soluciones a las preocupaciones ambientales, recordemos que jamás debemos eliminar los problemas humanos mediante la eliminación de los seres humanos.


Mary McClusky es Coordinadora de Proyectos Especiales del Secretariado de Actividades Pro Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. Para más información sobre las actividades pro vida de los obispos, visita www.usccb.org/prolife.

 

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