Paz y bendiciones en el Señor
Reunidos en Washington DC, expresamos el espíritu colegial que nos une como pastores e inspira nuestro común testimonio. Al estrechar los lazos de solidaridad entre nuestras respectivas iglesias, nos hacemos eco de esa unidad profunda que, según el papa Juan Pablo II, buscan de corazón cuantos pueblan este continente (La Iglesia en América., 5). Somos una sola Iglesia en América y comportimos una misma visión evangelizadora.
Cada uno de nuestros países tiene sus propios gozos y esperanzas, tristezas y angustias; sentimientos todos que la iglesia asume como propios (Gaudium et Spes, 1). Como presidentes de pastoral social de nuestras respectivas conferencias episcopales, hemos comprometido con frecuencia a nuestros funcionarios públicos y otras autoridades civiles para que asumieran el mensaje evangélico en las decisiones que afectan las condiciones sociales, culturales y económicas de todas nuestras poblaciones, en especial las más pobres, en la búsqueda de la dignidad humana y un auténtico desarrollo integral.
Ahora bien, este nuestro testimonio conjunto pone de manifiesto una sincera esperanza en que el mensaje liberador de Jesucristo llegue a configurar los esfuerzos de quienes tienen la responsabilidad de establecer acuerdos de libre comercio entre nuestras naciones (Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y los países andinos. United States-Andean Free Trade Agreement) en el marco de una economía verdaderamente al servicio de las personas.
En un mundo cada vez más interdependiente, el ejemplificado por este tratado comercial, deberían con razón esperar todos nuestros pueblos que esa mayor cooperación entre nosotros ofrezca reales soluciones a los perennes y tenaces problemas de la pobreza, el hambre y la falta de oportunidades. Apelamos a las experiencias de quienes luchan a diario por su supervivencia y tienen poco acceso a los medios que necesitan para ayudarse a sí mismo y sus familias. Nos preocupa que el proceso del comercio internacional no consiga poner en acción tres procesos: crecimiento económico reducción de la pobreza y desarrollo humano integral como guardan con esperanza todos los pueblos de buena voluntad. Con este fin, alentamos las medidas que priorizan la vida y la dignidad de todos los hijos de Dios, en particular los pobres. Como lo dice su Santidad Juan Pablo II, “si no hay esperanza para los pobres, no habrá para nadie, ni para los llamados ricos” (Pastores Gregis, 67)
Similares preocupaciones fueron expresadas en la declaración conjunta de los obispos de Estados Unidos y las naciones centroamericanas cuando se refirieron en ella a un tratado análogo de libre comercio entre sus países (Declaración conjunta sobre el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y los países centroamericanos. Joint Statement on the United States-Central American Free Trade Agreement, julio 2004). Los obispos como pastores resaltan tan relevantes como la defensa de las condiciones de vida en el campo, la propiedad intellectual, los derechos laborales, el medio ambiente, la necessaria participación ciudadana en los debates, especialmente los más pobres; así como la importancia de una agenda para el dearollo integral.
Con esta solidaridad colegial simbolizamos de un modo más perfecto el amor preferencial por los pobres y más abandonados, el cual ha sido declarado por el papa Juan Pablo II como el sello de marca del auténtico creyente. (Ver su Mensaje en el Día Mundial de la Paz 2005, 8). Elevamos nuestra oraciones para que María, Madre de la Iglesia y Patrona de América fortalezca nuestra fe y nos inspire con la promesa divina de modo que “levantemos a los humildes y saciemos a los hambrientos con cosas buenas” (Lc. 1, 52-53).
Que esta cuaresma, a la que hoy damos inicio, nos brinde a todos un corazón arrepentido con el que buscar al Señor y su Reino de paz y justicia.
Miércoles de ceniza, 10 febrero 2005-02-06
Washington DC.
Los presidentes de pastoral social de las siguientes conferencias episcopales:
Arzobispo Pedro Barreto, S.J.
Arzobispo de Huancayo, Perú.
Obispo Wilson Moncayo Jalil
Obispo de Santo Domingo de los Colorados, Ecuador.
Obispo Luis Morgan Casey
Vicario Apostólico de Pando, Bolivia.
Obispo Lino Panizza, OFM Cap.
Obispo de Carabayllo, Perú.
Obispo Jaime Prieto Amaya
Obispo de Barrancabermeja, Colombia.
Obispo John H. Ricard, SSJ
Obispo de Pensacola-Tallahassee, EE.UU.
Arzobispo José Mario Ruiz Navas
Arzobispo de Portoviejo, Ecuador

![[home]](/sdwp/images/new_usccb_logo.gif)
