Declaración de la junta administrativa de la United States Catholic Conference
2 de abril de 1999
La nueva evangelización requiere discípulos de Cristo que incondicionalmente estén a favor de la vida: que proclamen, celebren y sirvan el Evangelio de la vida en cualquier situación. Una señal de esperanza es el creciente reconocimiento de que la dignidad de la vida humana no debe arrebatarse, aun el en caso de alguien que ha cometido un crimen abominable. La sociedad moderna dispone de los medios necesarios para protegerse sin que de forma definitiva se tenga que negar a los criminales la oportunidad de reformarse. Renuevo el llamado que hice recientemente, durante la Navidad, para que se llegue a un consenso para poner fin a la pena de muerte, que es tanto cruel como innecesaria.1
Papa Juan Pablo II
St. Louis, Mo., 27 de enero de 1999
Por más de veinticinco años los obispos católicos de Estados Unidos han venido pidiendo el fin de la pena de muerte en nuestra nación. Sin embargo, con mucha tristeza vemos que las sentencias de muerte y las ejecuciones continúan a paso acelerado en este país. En algunos estados, hay tantas ejecuciones que raras veces reciben la debida atención. Este Viernes Santo, día en que recordamos la ejecución de nuestro Salvador, hacemos un llamado a todas las personas de buena voluntad, y especialmente a los católicos, para que unan sus esfuerzos para poner fin a la pena de muerte.
Al acercarse el próximo milenio, tenemos el reto de la evolución de la enseñanza católica sobre este tópico y nos alienta la realización de que existen esfuerzos nuevos y crecientes para abolir las ejecuciones en todo el mundo. Por medio de su poderosa encíc1ica El Evangelio de la Vida (Evangelium Vitae), el Papa Juan Pablo II ha pedido a los gobiernos que desistan de usar la muerte como la pena máxima. El Santo Padre señala que los casos en que su aplicación es necesaria para proteger a la sociedad "son ya muy raros, por no decir prácticamente inexistentes".2 En enero de 1999, nuestro Santo Padre trajo a Estados Unidos su llamado profético para abolir la pena de muerte, claramente retándonos a "poner fin a la pena de muerte que es tanto cruel como innecesaria".3 Nuestro Santo Padre nos ha llamado con nueva urgencia a que combatamos el castigo de la pena de muerte.
Tristemente, muchos estadounidenses -incluyendo muchos católicos-están todavía a favor de la pena de muerte porque tienen temor al crimen, y pánico por las muchas vidas inocentes que se pierden debido a la violencia criminal. Tenemos la esperanza de que ellos se convenzan, como lo estamos nosotros, de que la respuesta no es más violencia. Sin embargo, muchas personas de la comunidad católica están al frente de los esfuerzos para abolir la pena de muerte en los estados y la nación. Los católicos se unen a otras personas en testimonio de oración en contra de las ejecuciones. Queremos educar y persuadir a otros ciudadanos que este castigo, con frecuencia, se aplica injustamente y con prejuicios raciales.4 Nos oponemos a las leyes estatales que permitirían la pena de muerte y a las leyes federales que extenderían su uso.
Instamos a toda la comunidad católica a dar su apoyo a las víctimas del crimen y a sus familias. Esto puede ser una respuesta compasiva al dolor y a la ira que acompañan el daño a un ser querido o su muerte. Nuestra familia de fe deberá sostenerlos en su lucha por vencer su terrible perdida y encontrar algo de paz.
Damos nuestro apoyo total a esos y a otros esfuerzos para defender la dignidad de toda vida humana. Las acciones de los católicos que de manera constante y fiel se oponen a la pena de muerte reflejan el llamado de nuestra declaración Vivir el Evangelio de la Vida: Reto a los Católicos de Estados Unidos: "Nuestro testimonio por el respeto a la vida es más patente cuando exigimos respeto por cada vida humana, incluyendo la vida de los que fallan en mostrar este respeto por los demás. El remedio a la violencia es amar, no más violencia".5
Respeto por toda vida humana y oposición a la violencia en nuestra sociedad son la base de nuestra bien establecida posición en contra de la pena de muerte. Consideramos que la pena de muerte perpetúa un ciclo de violencia y promueve los deseos de venganza en nuestra cultura. Como ya dijimos en Confrontando la Cultura de La Violencia: "No podemos enseñar que matar es malo, matando".6
Nos oponemos a la pena de muerte no sólo por lo que causa a los que son culpables de crímenes horrendos sino por lo que causa en todos nosotros como sociedad. El aumento en la dependencia de la pena de muerte nos empequeñece y es una señal de la creciente falta de respeto por la vida humana. No podemos vencer el crimen simplemente ejecutando a los criminales, ni tampoco restaurar la vida de los inocentes, acabando con la vida de los que han sido condenados por sus asesinatos. La pena de muerte da la trágica ilusión de que podemos defender la vida quitando la vida.
Somos muy conscientes del aumento en el número de ejecuciones en muchos estados. Desde que la pena de muerte fue reinstituida en 1976, se han llevado a cabo más de 500 ejecuciones, mientras que se han revocado setenticuatro sentencias durante la etapa avanzada del proceso. A lo largo de todos los estados, más de 3,500 prisioneros esperan su ejecución. Estos números nos preocupan profundamente, y el ritmo de las ejecuciones nos deja aturdidos. El descubrimiento de la inocencia de algunos condenados en espera de ejecución es aterrador.
En el espíritu del jubileo bíblico que se avecina, nos unirnos a nuestro Santo Padre y una vez más pedimos la abolición de la pena de muerte. Urgimos a todas las personas de buena voluntad, especialmente a los católicos, que luchen por poner fin a la pena de muerte. En ocasiones apropiadas, pedimos a los párrocos y maestros que enseñen sobre el respeto por toda la vida y sobre la necesidad de poner fin a la pena de muerte. Mediante la educación, la intercesión, la oración y la contemplación de la vida de Jesús, debemos comprometernos a dar un testimonio persistente y fundamentado en principios bíblicos en contra de la pena de muerte, en contra de la cultura de la muerte, y por el Evangelio de la vida.
Notas
- Juan Pablo II, misa en St. Louis, Mo., 27 de enero de 1999.
- Juan Pablo II, Evangelium Vitae (EI Evangelio de la Vida) (Washington, D.C: United States Catholic Conference, 1995" no. 56:
- Juan Pablo II, misa en St. Louis, Mo., 27 de enero de 1999.
- Centro de información sobre la pena de muerte, The Death Penalty in Black and White: Who Lives, Who Dies, Who Decides [La peno de muerte en blanco y negro: Quién vive, quién muere, quién decide] (Washington, D.C.: The Death Penalty Information Center, junio 1998).
- United States Catholic Conference, Vivir el Evangelio de la Vida: Reto a los católicos de Estados Unidos (Washington, D.C: United States Catholic Conference, 1998), no. 22.
- United States Catholic Conference, Enfrentando la cultura de la violencia: Marco católico paro la acción (Washington, D.C.: United States Catholic Conference, 1994)
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